Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Mi señor

Mi señor, desde este oculto presidio, cautiva entre los muros pesados y fríos de la rutina, desde esta ordenada celda que me encierra en un mundo confortable y sin excesos, desde la desgana de mis días eternamente iguales, ¡yo te invoco!

Te invoco, mi señor, y retornan a mi mente los recuerdos de un convulso pasado excitante, peligroso, vibrante, vertiginoso.

Memoria de brillos, de mañanas inquietantes y extenuantes tardes, de sueños alborotados y corazones palpitantes, de trémulas miradas y sonrisas enredadas.

Yo, que sin cederte el más insignificante pedacito de mi alma, me sometía a tu voluntad –que era la mía–, me entregaba a tus caprichos –que eran los míos–, y caía en todas tus tentaciones –que eran mi sueño.

Tú, que sin cederme el más insignificante pedacito de tu alma, fuiste el señor de mis tormentas de fuego –que eran las tuyas–, me arrastraste hasta mis más delirantes quimeras –que eran las tuyas– y removiste las ardientes arenas de mi cuerpo –que eran tu sueño.

Tu y yo, mi señor, que construimos un mundo irreal, rebosante de utopías, inquietante, abarrotado de zozobra…

Y un día te diste cuenta, un día me di cuenta –otro día–, y otro nos dimos cuenta –otro distinto. Y un día fuimos conscientes de tanto desatino. Y me abandonaste… Y entregaste mi alma –que nunca fue tuya– al verdugo de la razón, al guardián de la cordura, al Kan de la reflexión.

Y dejándome llevar por la seguridad, callé. Y quise olvidarte, arrinconar tu traición. Y quise odiarte. Todo fue en vano.

Por eso hoy te invoco, mi señor, mi ángel caído, dueño de mis anhelos.

¡Yo te invoco y te suplico! Libérame, devuélmeme mi inquietud, mi angustia, mis desvelos, mis miedos, mis tempestades, mis ganas, mi vida.

Reina, 5 de noviembre

3 Responses to Mi señor

  1. Pingback: Tweets that mention Mi señor | Diálogos de Libro -- Topsy.com

  2. La razón siempre acaba con todo. ¿Por qué hacemos caso a la razón?. ¡Vivan el desatino y las noches desveladas!. Muy buen texto, Reina.

    • Avatar Reina says:

      Y mucho peor que la razón es la comodidad; esa maldita si que nos instala en la rutina y nos recuerda cada día todo lo que tenemos que «perder» si nos movemos. Viva el desatino y la locura, pues.

      Besos, Marcos 😉

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

Relatos

Junio ardiente.

En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

Ana M. Serrano

Los días azules.

Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

Ana M. Serrano

Primavera, Notre Dame y otros delirios.

Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

Ana M. Serrano

La Mendiga.

Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

Ana M. Serrano

Desierto.

A las puertas del desierto, antes de cruzar la frontera hacia el lugar donde nace el silencio, se siente ajena al gentío. ¿Para qué viajan?

Ana M. Serrano