Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Rosa, rosa, rosam, rosae, rosae, rosa.

Rosa, rosa, rosam, rosae, rosae, rosa.

Vestir a las niñas de rosa, aunque ellas mismas lo pidan a gritos, es machista, retrógrado y las condena a inmolarse en el altar de la desigualdad. Que lo sepan.

Ana M. Serrano

Los dos pecados mortales de Clara Campoamor.

Los dos pecados mortales de Clara Campoamor.

“¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República?” Clara Campoamor. Diario de sesiones de las Cortes Constituyentes. 1 de octubre de 1931.

Ana M. Serrano

Menos pensar y más obedecer.

Menos pensar y más obedecer.

“Menos pensar y más obedecer”. Esa parece ser la consigna de estos nuevos líderes patrios arrogados de soberbia e ínfulas mesiánicas cuyo principal objetivo no es otro que perpetuarse en el poder.

Ana M. Serrano

Día veintitrés. Surrealismo áspero.

Día veintitrés. Surrealismo áspero.

Son extraños los tiempos estos de surrealismo áspero, de viajes interiores hacia espacios fronterizos donde se desatan los motines del cautiverio en la más absoluta privacidad, la de uno mismo. Y sólo queda una tarea: lidiar con los propios demonios hasta que el nuevo día te deje escuchar otra vez su música.

Ana M. Serrano

Día trece. No basta con abrir la ventana.

Día trece. No basta con abrir la ventana.

Ahora que nada sucede, abrir la ventana implica asomarse a un abismo abarrotado de ausencias y silencio, a un vacío de cemento que se balancea sin ganas. Al tiempo, se ha convertido en el antídoto contra el encierro; el único recurso para escapar del cautiverio impuesto.

Ana M. Serrano

Día siete. En arresto domiciliario.

Día siete. En arresto domiciliario.

Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

Ana M. Serrano

Día Cinco. Quédate en casa.

Día Cinco. Quédate en casa.

Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

Ana M. Serrano

Día uno. Estado de alarma.

Día uno. Estado de alarma.

Es domingo y aún nada parece raro. Estamos los tres en casa como cualquier mañana festiva, haciendo lo que solemos en cualquier mañana festiva. Únicamente las calles vacías, el silencio que desborda las aceras me recuerdan que vivimos una situación anormal.

Ana M. Serrano

Lygia Clark, el arte como terapia y liberación.

Lygia Clark, el arte como terapia y liberación.

Entre la figuración, la abstracción y el arte terapéutico. En esas coordenadas estéticas se mueve la brasileña Lygia Clark, una de la principales figuras del Neoconcretismo del siglo XX.

Ana M. Serrano

Joana Vasconcelos, la alquimista de lo cotidiano.

Joana Vasconcelos, la alquimista de lo cotidiano.

Joana Vasconcelos ama el color y el lujo barroco. Es punzante e irónica, local y global, elegante e inmensa. Representa el choque entre la realidad y la imagen, la contradicción entre la mujer tradicional y la contemporánea, la presencia femenina activa en la sociedad.

Ana M. Serrano

Madge Gill, el arte en defensa propia.

Madge Gill, el arte en defensa propia.

Madge Gill nació en el East End londinense en 1882. Olvídense del fascinante espacio artístico, vibrante, bohemio y hipster del siglo XXI. En la época victoriana el barrio era un reducto marginal, desordenado e insalubre.

Ana M. Serrano

Fantasma.

Fantasma.

La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

Ana M. Serrano

El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

Benito Pérez Galdós, dotado de una capacidad de observación extraordinaria, toma buena nota de la evolución capitalina, transformándola en palabras. Páginas imprescindibles para entender el contexto social e histórico de la época.

Ana M. Serrano

El Madrid de Benito Pérez Galdós. I.

El Madrid de Benito Pérez Galdós. I.

Pese a las diferencias y las ínfulas de modernidad europeo-contemporáneas del Madrid del siglo XXI, es fácil hallar en él infinidad de vestigios galdosianos. Calles que todavía existen, improntas castizas que han desafiado (y superado) al paso del tiempo.

Ana M. Serrano

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Artículos

    Los dos pecados mortales de Clara Campoamor.

    “¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República?” Clara Campoamor. Diario de sesiones de las Cortes Constituyentes. 1 de octubre de 1931.

    Ana M. Serrano

    Joana Vasconcelos, la alquimista de lo cotidiano.

    Joana Vasconcelos ama el color y el lujo barroco. Es punzante e irónica, local y global, elegante e inmensa. Representa el choque entre la realidad y la imagen, la contradicción entre la mujer tradicional y la contemporánea, la presencia femenina activa en la sociedad.

    Ana M. Serrano

    Madge Gill, el arte en defensa propia.

    Madge Gill nació en el East End londinense en 1882. Olvídense del fascinante espacio artístico, vibrante, bohemio y hipster del siglo XXI. En la época victoriana el barrio era un reducto marginal, desordenado e insalubre.

    Ana M. Serrano

    El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

    Benito Pérez Galdós, dotado de una capacidad de observación extraordinaria, toma buena nota de la evolución capitalina, transformándola en palabras. Páginas imprescindibles para entender el contexto social e histórico de la época.

    Ana M. Serrano

    Relatos

      Fantasma.

      La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

      Ana M. Serrano

      Junio ardiente.

      En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

      Ana M. Serrano

      Los días azules.

      Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

      Ana M. Serrano

      Primavera, Notre Dame y otros delirios.

      Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

      Ana M. Serrano

      La Mendiga.

      Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

      Ana M. Serrano

      Minipost

        Vértigo

        Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

        Ana M. Serrano

        Generaciones.

        ¿Sabes que pasa, Ignacio? Que cuando me hablas de tus anhelos, de lo que quieres estudiar, jamás mencionas la palabra “libertad”.

        Ana M. Serrano

        Nunca nos dejan en paz.

        El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás.

        Ana M. Serrano

        Cuatro

        No existe más espacio, ni surco.

        Ana M. Serrano

        Juegos de tankas

        No calma el agua la sed que me consume bajo la lluvia; ¡Derrama tu rocío ardiente entre mis labios! Rafa …

        Ana M. Serrano

        Recomendado

          El Madrid de Pío Baroja, sus casas y sus gentes. II.

          Después de la contienda y el exilio en París, Pío Baroja regresa a Madrid. Es 1940. Tiene entonces 68 años y cerca de cien libros publicados. Se instala en el cuarto piso de la calle Ruiz de Alarcón 12.

          Ana M. Serrano

          ¿Por qué nos mira así la joven de la perla? I.

          La joven de la perla es el lienzo más famoso de Vermeer. No es un retrato, sino un ‘tronie’: la pintura de una figura imaginaria. Los tronies representaban el estudio de un tipo de personaje para mostrar las dotes del artista. En este caso, ¿un análisis del exotismo?

          Ana M. Serrano

          Mark Rothko, cuando el tamaño sí importa.

          Mark Rothko concebía la pintura como un instrumento —el instrumento— “para suscitar las emociones más elementales en el espectador”. “La expresión simple del pensamiento complejo”.

          Ana M. Serrano