Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

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Arcones secretos IV
Relatos

Arcones secretos IV

Ana M. Serrano

[…] baila y apuesta su vida al caballo perdedor desafiando la ley de la gravedad y cualquier atisbo de raciocinio —si acaso le restaba algo de cordura tras esa noche—; baila y apuesta una vida deliciosa y deseable, una vida aparentemente perfecta, un hombre cariñoso y tranquilo —el hombre a quien un día amó con el mismo delirio y mucha menos inconsciencia— y que hoy la llena de vacíos.

Como la vida misma
Relatos

Como la vida misma

Ana M. Serrano

A parte de de calcular el momento exacto para recoger a Luis justo antes de que cierren la puerta del colegio y justo después de que la jauría de amantísimas mamás se hayan esfumado librándome así de los comentarios y angustias varias sobre cómo torturan a sus adorables vástagos -tan capullos como el mío, por cierto, pero mucho mejores, ¡dónde va a parar con esa madre que siempre llega tarde!- con exámenes y deberes, llevarlo al baloncesto, esperar hora y media en la grada, congelada, aburrida y asintiendo como lerda a la misma conversación absurda que había conseguido evitar en colegio…, a parte de tan excitante planazo, tengo libre el resto del tiempo.

Arcones secretos III
Relatos

Arcones secretos III

Ana M. Serrano

… dibuja en su piel cada palabra y cada beso, engulle sin medida, talla en su alma cada deseo y cada suspiro, graba en su memoria cada segundo porque sabe que se va a aferrar a esta noche durante miles de otras noches heladas. Porque Blanca, inconsciente —o no—, intuye que todo es una quimera, un coma de la razón, un segundo efímero, un delicioso delirio que nadie jamás nadie le podrá arrebatar.

Arcones secretos II
Relatos

Arcones secretos II

Ana M. Serrano

Palabras abandonadas a su suerte, palabras convertidas en susurros, susurros que se evaporan en sus labios cada vez más próximos, cada vez más húmedos. La mirada de Blanca, enorme, se hace irresistible para Jaime que se zambulle en ella incapaz de pensar en nada más.

Mi señor
Relatos

Mi señor

Ana M. Serrano

Mi señor, desde este oculto presidio, cautiva entre los muros pesados y fríos de la rutina, desde esta ordenada celda …

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