Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Esas mañanas de domingo.

Y cambias el libro por una cerveza y el sofá por una silla metálica. Y el sol sigue ahí. Y es más cálido de lo pensabas porque ya es marzo.

Esas mañanas de domingo en las que, pese al sol, tu máxima ambición es mimetizarte con el sofá y convertir tus manos en una especie de garfio enganchado a un libro. Y suena el teléfono y es tu amiga. Y cambias el libro por una cerveza y el sofá por una silla metálica. Y el sol sigue ahí. Y es más cálido de lo pensabas porque ya es marzo. Y mola. Esas mañanas…

Y la silla metálica es mucho más blandita que el sofá. Y tu amiga es la misma niña pequeña que saltaba a la comba contigo en el patio del colegio. La misma quinceañera que se enamoró por primera vez del chico más guapo de la clase. Ese que te encantaba y se ligó ella. Y tú te morías de envidia, pero sonreías al verlos tan felices y tan inconscientes. Porque era tu amiga y eso era lo único importante. La misma que te esperó mientras tú vivías tu vida loca. La misma a la que esperaste mientras ella vivía su vida loca.

Y es que hay mañanas de domingo que huelen a primavera.

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Relatos

Día veintitrés. Surrealismo áspero.

Son extraños los tiempos estos de surrealismo áspero, de viajes interiores hacia espacios fronterizos donde se desatan los motines del cautiverio en la más absoluta privacidad, la de uno mismo. Y sólo queda una tarea: lidiar con los propios demonios hasta que el nuevo día te deje escuchar otra vez su música.

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Ana M. Serrano

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Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

Ana M. Serrano

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Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

Ana M. Serrano