Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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El amor en los tiempos del ciber

A través de los mensajes de correo que se envían el uno al otro vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de su familia. Son mensajes cortos —salvo dos o tres que se extienden algo más—, intensos a veces que nos desvelan sus miedos, sus anhelos, sus contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Contra el viento del norte.

¿Te he hablado alguna vez del viento del norte? No me sienta bien el viento del norte cuando tengo la ventana abierta.

Daniel Glattauer. Contra el viento del norte

Fácil de leer y entretenido. ¿Un buen libro? No lo calificaría como tal. ¿Una historia original? Creo que tampoco, aunque tal vez sea esa la clave del éxito de esta novela: hoy en día, tal y como nos movemos en internet el relato nos muestra que nos puede ocurrir a cualquiera y, probablemente, muchos lectores se habrán sentido identificados con alguno de los personajes.

Un correo electrónico equivocado y una respuesta educada desatan una relación virtual entre Emmi Rothner y Leo Like. No se conocen de nada y nada tienen en común; sus vidas son muy distintas, igual que sus deseos y ambiciones. Sólo les une una ciudad y una pantalla de ordenador (o dos). A través de las notas que se envían el uno al otro a través del correo electrónico vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de sus familias. Sus mensajes cortos —salvo algunos que se extienden algo más—a veces intensos, nos desvelan los miedos, los anhelos, las contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Las críticas lo han ensalzado en exceso —es mi opinión—. Algún incauto, queriendo ver en la novela el renacimiento de la literatura epistolar,  ha llegado a compararlo con Flaubert o  Zweig y ha visto en Emmi a una Madame Bovary del siglo XXI. Sinceramente, no creo que sea para tanto, más bien es exagerado. El argumento es sencillo, la estructura no tiene misterio y Glattauer emplea recursos literarios facilones que hacen muy cómoda la lectura pero le restan mérito.

Es un best seller y poco más. Una novela que, ahora que se acerca el verano y las ansiadas vacaciones, se lee de un tirón durante una tranquila tarde de piscina o de playa. Para relajarse, divertirse y pasar un buen rato.

Reina, 30 de mayo de 2011

En el mes de noviembre del año pasado se editó la segunda parte, Cada siete olas, que el mismo Daniel Glattauer anunciaba al final de Contra el viento del norte. ¿Alguno de vosotros la ha leído? Contadme qué tal, si os apetece, claro.

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