Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Auster, el escritor herido (*)

Sobre Paul Auster y sus novelas he escuchado y leído todo tipo de opiniones: elogios, indiferencia, críticas incluso demoledoras.

Paul Ausster

Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad. Paul Auster.

Sobre Paul Auster y sus novelas he escuchado y leído todo tipo de opiniones: elogios, indiferencia, críticas incluso demoledoras. Para algunos se trata de un magnífico escritor, fascinante, que atrapa, deslumbra, crea adicción… Otros, sin embargo, no lo soportan, se cansan, dicen que se repite, que sus novelas son siempre más de lo mismo, que toma el pelo a sus lectores. De todo y variado.

Yo no he leído toda la prolífica obra de Auster, sólo unas cuantas novelas; empecé con su Trilogía de Nueva York y me gustó. Me gustó y me sigue gustando este escritor herido.

Me gustan sus personajes, a veces oscuros, otras extravagantes, cercanos, lejanos; sus escritores y detectives, las intrigas muchas veces no resueltas, los alter egos y juegos de identidad, el azar —¿un tópico al hablar de Auster?—, el béisbol, el cine, la causa y el efecto, la metanovela, los libros, Kafka, Beckett, Nueva York, su Brooklyn; la casualidad, las casualidades o las causalidades; la muerte, la culpa, el perdón…

Todo ello se mezcla en su obra, todo forma parte de ellas, sí siempre. O tal vez forma parte de él, no lo sé; intuyo algo autobiográfico en su obra o no; quizá todos los escritores plasman realidades ficticias, transmiten experiencias y sentimientos vividos por ellos, por otros. Cuentan, imaginan, inventan, y Auster narra así revolviendo la realidad y la ficción, regalándonos todos sus tópicos y a mi me gusta.

En su último libro, Sunset Park, Paul Auster hace un repaso de la sociedad norteamericana contemporánea a través de la historia de un misterioso y solitario joven, Miles Heller, que tras abandonar su carrera, su familia y todo lo que le unía al pasado, ha conseguido vivir en un presente continuo y plano.

“Es el guerrillero del agravio, el campeón del descontento, el detractor militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad con las ruinas de un mundo fallido. A diferencia de  la mayoría de los inconformistas de su clase, no cree en la acción política. No pertenece a movimiento ni partido alguno, nunca ha hablado en público y no tiene deseos de sacar a la calle hordas coléricas para quemar edificios y derribar gobiernos. Su postura es puramente personal […]”

Sunset Park. Paul Auster

Pero este no es Miles sino Bing, Bing Nathan, su mejor o tal vez su único amigo.

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