Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Empeños (*)

Y el mundo empeñado en poner horas a los días, días a la semana, semanas a los meses, meses al año; empeñado en poner un nombre a todo, en pensar y analizar.

Y en llamar sexo al amor y al amor sexo, en unirlos para siempre, en juntar, en mezclar, en etiquetar, “como debe ser”…

Y yo que no creo en nada: tan sólo en la caricia que eriza mi piel, en los labios que descubren los míos, en la lengua que abre mis poros y los liba lentamente; en la química, no en la física, en lo efímero, en el instante, no en lo eterno.

Y tú empeñado en recuperar lo perdido, y yo empeñada en vibrar con lo prohibido, entre tus brazos firmes que huyen en busca de lo imposible.

Y tú empeñado en buscar tu capricho, y yo empeñada en encapricharte, en saciar mi hambre contigo, la que piensas y temes; en mi irresistible deseo de ti, de tus manos sobre mi cuerpo, de mis piernas atenazando tu sexo.

Y tú acaricias mi espalda y te rechazo. Vanos empeños…

Reina, 20 de julio

(*) Empeños de septiembre 2009

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Poemas

Haiku o el arte de lo pequeño. II

Hoy, el haiku se escribe en veinticinco lenguas (algunos afirman que en setenta) que representan corrientes culturales diferentes.

Ana M. Serrano

Tankas (des) encadenados

El Tanka es un poema corto, sin rima de cinco versos (5-7-5-7-7 sílabas); el tercero es el eje.

Ana M. Serrano

Renacer.

Renacer serpenteando entre las aguas turbulentas, mar despiadado que mis ojos engendraron.

Ana M. Serrano

Canción del amor prohibido (y versión)

“Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente / al cambiar un saludo ceremonioso y frío, / porque nadie sospecha que es falso tu desvío, / ni cuanto amor esconde mi gesto indiferente.”

Ana M. Serrano

Relatos

Día veintitrés. Surrealismo áspero.

Son extraños los tiempos estos de surrealismo áspero, de viajes interiores hacia espacios fronterizos donde se desatan los motines del cautiverio en la más absoluta privacidad, la de uno mismo. Y sólo queda una tarea: lidiar con los propios demonios hasta que el nuevo día te deje escuchar otra vez su música.

Ana M. Serrano

Día trece. No basta con abrir la ventana.

Ahora que nada sucede, abrir la ventana implica asomarse a un abismo abarrotado de ausencias y silencio, a un vacío de cemento que se balancea sin ganas. Al tiempo, se ha convertido en el antídoto contra el encierro; el único recurso para escapar del cautiverio impuesto.

Ana M. Serrano

Día siete. En arresto domiciliario.

Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

Ana M. Serrano

Día Cinco. Quédate en casa.

Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

Ana M. Serrano