Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

Menu

Lo Último

Cuatro siestas. I-Verano.

Cuatro siestas. I-Verano.

La calma y el bochorno han tomado la tarde; nada rompe el silencio salvo el monótono canto de las cigarras, las únicas que osan desafiar al sofocante verano. Nadie más se atreve a poner un pie en la calle.

Ana M. Serrano

Entropía. El placer del caos.

Entropía. El placer del caos.

Me gusta porque me da más juego, porque siempre me ha gustado jugar y fluir, fluir y mezclar, fluir y dejar fluir, jugar con las palabras y que las palabras fluyan desordenadas, sin sentido aparente. Y también me gusta el caos porque es el caos y su desordenado juego el único capaz de conseguir el equilibrio perfecto. Porque el azar, el destino, la suerte y el caos son los ingredientes principales de mi juego y mi Entropía.

Ana M. Serrano

El amor en los tiempos del ciber

El amor en los tiempos del ciber

A través de los mensajes de correo que se envían el uno al otro vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de su familia. Son mensajes cortos —salvo dos o tres que se extienden algo más—, intensos a veces que nos desvelan sus miedos, sus anhelos, sus contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Ana M. Serrano

Cómo hemos cambiado

Cómo hemos cambiado

Ahora las suscripciones a tu blog, al mío y al de casi todos —digo casi porque las excepciones, como las meigas, existen— son el regalo del día. Igual que los comentarios. Abres tu página, le echas un vistazo y de pronto, ¡ah, el milagro!, ¡tres comentarios!, ¡dios mío, increíble! Y te afanas en contestar. ¡Te hacen ilusión hasta los spam!

Ana M. Serrano

Arcones secretos IV

Arcones secretos IV

[…] baila y apuesta su vida al caballo perdedor desafiando la ley de la gravedad y cualquier atisbo de raciocinio —si acaso le restaba algo de cordura tras esa noche—; baila y apuesta una vida deliciosa y deseable, una vida aparentemente perfecta, un hombre cariñoso y tranquilo —el hombre a quien un día amó con el mismo delirio y mucha menos inconsciencia— y que hoy la llena de vacíos.

Ana M. Serrano

Diccionario de literatura para esnobs…

Diccionario de literatura para esnobs…

Yo creo que este diccionario —se estructura como tal, de la a a la z aportando datos biográficos, muy pocos literarios, de artistas nacidos a finales del s XIX o principios del XX, definiciones de ciertos movimientos vanguardistas que resultan arcaicos hoy en día, grupitos elitistas (happy fews, beat generation, en fin…) y lugares como el nostálgico Café de Flore, el Hafa o la famosa Carnaby Street— es más un homenaje a ciertas musas de los 60 y los 70, a la excentricidad y a una vanguardia francesa (pocos artistas menciona que no sean franceses) algo trasnochada.

Ana M. Serrano

Pandora…

Pandora…

— Toma este ánfora, bella Pandora, es para Prometeo. En ella he encerrado todos los males y desgracias que conozco. Deberás embaucarle y seducirle consiguiendo que destape la vasija de forma que su contenido se esparza por la Tierra y los hombres no puedan volver a ser felices.

Ana M. Serrano

Como la vida misma

Como la vida misma

A parte de de calcular el momento exacto para recoger a Luis justo antes de que cierren la puerta del colegio y justo después de que la jauría de amantísimas mamás se hayan esfumado librándome así de los comentarios y angustias varias sobre cómo torturan a sus adorables vástagos -tan capullos como el mío, por cierto, pero mucho mejores, ¡dónde va a parar con esa madre que siempre llega tarde!- con exámenes y deberes, llevarlo al baloncesto, esperar hora y media en la grada, congelada, aburrida y asintiendo como lerda a la misma conversación absurda que había conseguido evitar en colegio…, a parte de tan excitante planazo, tengo libre el resto del tiempo.

Ana M. Serrano

Arcones secretos III

Arcones secretos III

… dibuja en su piel cada palabra y cada beso, engulle sin medida, talla en su alma cada deseo y cada suspiro, graba en su memoria cada segundo porque sabe que se va a aferrar a esta noche durante miles de otras noches heladas. Porque Blanca, inconsciente —o no—, intuye que todo es una quimera, un coma de la razón, un segundo efímero, un delicioso delirio que nadie jamás nadie le podrá arrebatar.

Ana M. Serrano

Arcones secretos II

Arcones secretos II

Palabras abandonadas a su suerte, palabras convertidas en susurros, susurros que se evaporan en sus labios cada vez más próximos, cada vez más húmedos. La mirada de Blanca, enorme, se hace irresistible para Jaime que se zambulle en ella incapaz de pensar en nada más.

Ana M. Serrano

Arcones secretos

Arcones secretos

Una de esas noches de principios de julio. Una de esas noches sofocantes y dulces.

Ana M. Serrano

Vendiendo humo. Desahogo-I

Vendiendo humo. Desahogo-I

Estaba a punto de terminar de leer los periódicos del domingo. Una amena actividad que además de mantenerme informada sobre …

Ana M. Serrano

Letras en el Sahara

Letras en el Sahara

¿Por qué hoy un libro y por qué precisamente este libro: Estás en la luna? Porque es precioso, porque es …

Ana M. Serrano

Cuatro

Cuatro

No existe más espacio, ni surco.

Ana M. Serrano

Espectáculos bochornosos

Espectáculos bochornosos

Ayer, media España contemplaba, contemplábamos, a veintidós tipos que le daban patadas a un balón y, en cuanto podían, se …

Ana M. Serrano

Ellos

Ellos

Una pasión infinita, pagana, mórbida, casi obsesiva, inconcebible y enfermiza para algunos, codiciada por otros, a veces incomprendida, eternamente mágica. …

Ana M. Serrano

Mi señor

Mi señor

Mi señor, desde este oculto presidio, cautiva entre los muros pesados y fríos de la rutina, desde esta ordenada celda …

Ana M. Serrano

Callejeros

Callejeros

Desde niño supo que la música era su vida. Tenía ocho años cuando le llevaron por primera vez a un …

Ana M. Serrano

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

  • Publisuites
    1. Páginas
    2. 1
    3. 2
    4. 3
    5. 4
    6. 5
    7. 6
    8. 7
    9. 8
    10. 9
  • Paysuites

    Paysuites

  • Recomendado

      Lucia Joyce: la bailarina arco iris.

      Lucia Anna Joyce nació en 1907, en la sala para indigentes de un hospital de Trieste. En aquel momento sus padres, James Joyce y Nora Barnacle, vivían en Italia como refugiados tras huir de las miserias de Dublín.

      Ana M. Serrano

      El espíritu indomable de Edmonia Lewis.

      Edmonia Lewis llevaba en el ADN la fuerza de la raza, el amor propio y la insumisión de los inconformistas. Le costó humillaciones, claro. Muchas. También sangre.

      Ana M. Serrano

      Camille Claudel, la escultora maldita.

      Camille Claudel, la hermana de Paul Claudel, la amante musa de Rodin. Por eso se la recuerda en la historia. No porque fuera la mejor escultora de su tiempo.

      Ana M. Serrano

      De madres e hijas.

      A Cecilia Bölh de Faber lo de escribir le venía de serie. Francisca Larrea, su madre, tradujo a Lord Byron y a Mary Wollstonecraft.

      Ana M. Serrano

      Relatos

        Fantasma.

        La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

        Ana M. Serrano

        Junio ardiente.

        En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

        Ana M. Serrano

        Los días azules.

        Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

        Ana M. Serrano

        Primavera, Notre Dame y otros delirios.

        Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

        Ana M. Serrano

        La Mendiga.

        Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

        Ana M. Serrano

        Escritores

          El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

          Benito Pérez Galdós, dotado de una capacidad de observación extraordinaria, toma buena nota de la evolución capitalina, transformándola en palabras. Páginas imprescindibles para entender el contexto social e histórico de la época.

          Ana M. Serrano

          El Madrid de Benito Pérez Galdós. I.

          Pese a las diferencias y las ínfulas de modernidad europeo-contemporáneas del Madrid del siglo XXI, es fácil hallar en él infinidad de vestigios galdosianos. Calles que todavía existen, improntas castizas que han desafiado (y superado) al paso del tiempo.

          Ana M. Serrano

          El Madrid de Pío Baroja, sus casas y sus gentes. II.

          Después de la contienda y el exilio en París, Pío Baroja regresa a Madrid. Es 1940. Tiene entonces 68 años y cerca de cien libros publicados. Se instala en el cuarto piso de la calle Ruiz de Alarcón 12.

          Ana M. Serrano

          Minipost

            Vértigo

            Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

            Ana M. Serrano

            Generaciones.

            ¿Sabes que pasa, Ignacio? Que cuando me hablas de tus anhelos, de lo que quieres estudiar, jamás mencionas la palabra “libertad”.

            Ana M. Serrano

            Nunca nos dejan en paz.

            El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás.

            Ana M. Serrano

            Cuatro

            No existe más espacio, ni surco.

            Ana M. Serrano

            Juegos de tankas

            No calma el agua la sed que me consume bajo la lluvia; ¡Derrama tu rocío ardiente entre mis labios! Rafa …

            Ana M. Serrano