Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Lo Último

Sin mirar atrás.

Sin mirar atrás.

Dejó a su novio el día de San Valentín. Así, sin más. Decidida. Seca. Implacable. Casi despiadada. Podría haberlo hecho de cualquier otro modo. Incluso cualquier otro día…

Ana M. Serrano

Lola y el conjunto vacío.

Lola y el conjunto vacío.

Los cerebros, como los corazones, van donde son apreciados…

Tal vez la célebre frase de Robert McNamara no llegó a sus oídos en el mejor de los momentos.

Y no porque no estuviera de acuerdo con ella. Al contrario. Bien conocía Lola ese sentimiento de impotencia provocado por la indiferencia y hasta casi el desprecio demostrado ante alguna de sus ideas o trabajos; esa incómoda sensación de estar fuera de lugar, de hablar un idioma raro, incompresible para la mayoría; ese intenso, aunque casi siempre contenido, impulso de mandar a la mierda a jefes sectarios, compañeros pelotas y demás infelices resignados incapaces de declararse en rebeldía. Y bien había aprendido también a diluirse entre la inmensidad de la rutina, de lo gris, de lo mediocre…

Ana M. Serrano

Violetas Imperiales.

Violetas Imperiales.

Y mira que no tenía yo intención alguna de meterme en un jardín plagado de violetas. No porque no me gusten –que me encantan– sino por no complicarme la vida. Pero he leído tanta tontería cargada de tintes demagógicos y no exenta, en ocasiones, de ciertas pinceladas de envidia y algún que otro complejo encubierto, que no puedo resistir la tentación de sumar mi opinión a los ríos de tinta que una simple “noticia” de moda ha generado. Sí. Me refiero a Mango y a su nueva línea Violeta.

Ana M. Serrano

Juzgamos.

Juzgamos.

Juzgamos. Alegremente. Sin medir las consecuencias. ¿Para qué detenerse a valorar nada si se trata de quedarnos bien a gusto? Impunemente. Sin entender, sin preguntar, sin pensar. ¿Pensar? ¡Qué perdida de tiempo!

Juzgamos. Unos más, otros menos. Algunos con saña, con alevosía, con emoción incluso, sistemáticamente, convirtiendo el juicio en todo un estilo de vida…

Ana M. Serrano

Una carta.

Una carta.

Se trata de una carta. La carta de una madre. Isabel de la Fuente se llama. Su hija se llamaba Cristina y fue una de las cinco niñas que perdieron la vida en el MADRID-ARENA hace apenas seis meses.

Ana M. Serrano

Lo nuestro fue un flechazo.

Lo nuestro fue un flechazo.

Un flechazo de los de verdad, de esos que son como tienen que ser, de los que ocurren cuando menos te lo esperas. Porque para enamorarse en condiciones es requisito indispensable no pensar en ello, porque los flechazos de película no se buscan, te encuentran.
Vamos a imaginarnos un flechazo de esos…

Ana M. Serrano

Aunque tú no lo sepas.

Aunque tú no lo sepas.

No, no lo querías ver. Tal vez ni siquiera podías; la venda era demasiado tupida y cada vez apretaba más. Tus amigas -esas que te llenaban la cabeza de pájaros- no le gustaban. Son unas golfas -te decía- andan siempre por ahí, provocando; un día van a tener un disgusto. También le molestaba tu madre. No entiendo qué tienes que hablar tanto con ella -se burlaba cuando sonaba el teléfono…

Ana M. Serrano

La calle del Espejo II.

La calle del Espejo II.

Espejos de su infancia, olor a trementina y aceites, a húmedos óleos, a libros antiguos y a barandillas floreadas… Contempla el final de ese maravilloso atardecer madrileño con la sonrisa aun dibujada en su boca mientras se deja atrapar de nuevo por el fluir incesante de sus pensamientos. Así, buceando entre cuadernos y diccionarios, aprovecha para enfrascarse otra vez en la escritura.

Ana M. Serrano

Y nada más que añadir…

Y nada más que añadir…

Steve Jobs. 1955-2011. Ten el valor de escuchar a tu corazón y a tu intuición […] Todo lo demás es secundario.

Ana M. Serrano

La calle del Espejo.

La calle del Espejo.

Enciende un cigarrillo y admira extasiada el espectáculo único que le brinda el verano, la ciudad y una ansiada soledad. Le fascina Madrid, el verano en Madrid, su sol y su cielo, su inmensidad, el calor, la gran urbe y la vida que encierra. Lo aspira, lo siente, hace suyo ese instante único capaz de hacerle olvidar el mar, su mar; segundos sublimes que graba a fuego en su piel, en su alma. Afortunada ella que, llevando el sur y la sal en sus venas, se permite devorar la grandeza de la capital justo en los momentos más deseables.

Ana M. Serrano

Libros para llevar

Libros para llevar

Llegó el verano, el calor y el color, los días eternos y sus mágicas noches, las ansiadas vacaciones en la playa, en la montaña o en la ciudad… No importa dónde, todo brilla cuando dejamos de correr y recuperamos el tiempo, nuestro tiempo. Tiempo para todo lo que nos gusta y, como no, tiempo para disfrutar de la lectura.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. III-Invierno.

Cuatro siestas. III-Invierno.

En las calles blancas y frías se impone la ley del silencio, un silencio que sólo el silbido de un viento gélido se atreve a romper. El mismo que golpea las contraventanas aún abiertas para permitir que la habitación se ilumine con los últimos suspiros de esa pálida luz invernal. Fuera empieza a nevar.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. II- Otoño.

Cuatro siestas. II- Otoño.

Cae la tarde plomiza y gris. Demoledora, la incesante lluvia impone su luz mortecina; todo cede ante su inquietante cadencia, silenciosa, implacable. El asfalto de las calles vacías se funde con un cielo tan sombrío y amenazador que nadie se atreve a perturbar.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. I-Verano.

Cuatro siestas. I-Verano.

La calma y el bochorno han tomado la tarde; nada rompe el silencio salvo el monótono canto de las cigarras, las únicas que osan desafiar al sofocante verano. Nadie más se atreve a poner un pie en la calle.

Ana M. Serrano

Entropía. El placer del caos.

Entropía. El placer del caos.

Me gusta porque me da más juego, porque siempre me ha gustado jugar y fluir, fluir y mezclar, fluir y dejar fluir, jugar con las palabras y que las palabras fluyan desordenadas, sin sentido aparente. Y también me gusta el caos porque es el caos y su desordenado juego el único capaz de conseguir el equilibrio perfecto. Porque el azar, el destino, la suerte y el caos son los ingredientes principales de mi juego y mi Entropía.

Ana M. Serrano

El amor en los tiempos del ciber

El amor en los tiempos del ciber

A través de los mensajes de correo que se envían el uno al otro vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de su familia. Son mensajes cortos —salvo dos o tres que se extienden algo más—, intensos a veces que nos desvelan sus miedos, sus anhelos, sus contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Ana M. Serrano

Cómo hemos cambiado

Cómo hemos cambiado

Ahora las suscripciones a tu blog, al mío y al de casi todos —digo casi porque las excepciones, como las meigas, existen— son el regalo del día. Igual que los comentarios. Abres tu página, le echas un vistazo y de pronto, ¡ah, el milagro!, ¡tres comentarios!, ¡dios mío, increíble! Y te afanas en contestar. ¡Te hacen ilusión hasta los spam!

Ana M. Serrano

Arcones secretos IV

Arcones secretos IV

[…] baila y apuesta su vida al caballo perdedor desafiando la ley de la gravedad y cualquier atisbo de raciocinio —si acaso le restaba algo de cordura tras esa noche—; baila y apuesta una vida deliciosa y deseable, una vida aparentemente perfecta, un hombre cariñoso y tranquilo —el hombre a quien un día amó con el mismo delirio y mucha menos inconsciencia— y que hoy la llena de vacíos.

Ana M. Serrano

Diccionario de literatura para esnobs…

Diccionario de literatura para esnobs…

Yo creo que este diccionario —se estructura como tal, de la a a la z aportando datos biográficos, muy pocos literarios, de artistas nacidos a finales del s XIX o principios del XX, definiciones de ciertos movimientos vanguardistas que resultan arcaicos hoy en día, grupitos elitistas (happy fews, beat generation, en fin…) y lugares como el nostálgico Café de Flore, el Hafa o la famosa Carnaby Street— es más un homenaje a ciertas musas de los 60 y los 70, a la excentricidad y a una vanguardia francesa (pocos artistas menciona que no sean franceses) algo trasnochada.

Ana M. Serrano

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Artículos

    Lygia Clark, el arte como terapia y liberación.

    Entre la figuración, la abstracción y el arte terapéutico. En esas coordenadas estéticas se mueve la brasileña Lygia Clark, una de la principales figuras del Neoconcretismo del siglo XX.

    Ana M. Serrano

    Joana Vasconcelos, la alquimista de lo cotidiano.

    Joana Vasconcelos ama el color y el lujo barroco. Es punzante e irónica, local y global, elegante e inmensa. Representa el choque entre la realidad y la imagen, la contradicción entre la mujer tradicional y la contemporánea, la presencia femenina activa en la sociedad.

    Ana M. Serrano

    Madge Gill, el arte en defensa propia.

    Madge Gill nació en el East End londinense en 1882. Olvídense del fascinante espacio artístico, vibrante, bohemio y hipster del siglo XXI. En la época victoriana el barrio era un reducto marginal, desordenado e insalubre.

    Ana M. Serrano

    El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

    Benito Pérez Galdós, dotado de una capacidad de observación extraordinaria, toma buena nota de la evolución capitalina, transformándola en palabras. Páginas imprescindibles para entender el contexto social e histórico de la época.

    Ana M. Serrano

    Poemas

      Haiku o el arte de lo pequeño. II

      Hoy, el haiku se escribe en veinticinco lenguas (algunos afirman que en setenta) que representan corrientes culturales diferentes.

      Ana M. Serrano

      Tankas (des) encadenados

      El Tanka es un poema corto, sin rima de cinco versos (5-7-5-7-7 sílabas); el tercero es el eje.

      Ana M. Serrano

      Renacer.

      Renacer serpenteando entre las aguas turbulentas, mar despiadado que mis ojos engendraron.

      Ana M. Serrano

      Canción del amor prohibido (y versión)

      “Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente / al cambiar un saludo ceremonioso y frío, / porque nadie sospecha que es falso tu desvío, / ni cuanto amor esconde mi gesto indiferente.”

      Ana M. Serrano

      Relatos

        Día veintitrés. Surrealismo áspero.

        Son extraños los tiempos estos de surrealismo áspero, de viajes interiores hacia espacios fronterizos donde se desatan los motines del cautiverio en la más absoluta privacidad, la de uno mismo. Y sólo queda una tarea: lidiar con los propios demonios hasta que el nuevo día te deje escuchar otra vez su música.

        Ana M. Serrano

        Día trece. No basta con abrir la ventana.

        Ahora que nada sucede, abrir la ventana implica asomarse a un abismo abarrotado de ausencias y silencio, a un vacío de cemento que se balancea sin ganas. Al tiempo, se ha convertido en el antídoto contra el encierro; el único recurso para escapar del cautiverio impuesto.

        Ana M. Serrano

        Día siete. En arresto domiciliario.

        Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

        Ana M. Serrano

        Día Cinco. Quédate en casa.

        Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

        Ana M. Serrano

        Minipost

          Vértigo

          Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

          Ana M. Serrano

          Generaciones.

          ¿Sabes que pasa, Ignacio? Que cuando me hablas de tus anhelos, de lo que quieres estudiar, jamás mencionas la palabra “libertad”.

          Ana M. Serrano

          Nunca nos dejan en paz.

          El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás.

          Ana M. Serrano

          Cuatro

          No existe más espacio, ni surco.

          Ana M. Serrano

          Juegos de tankas

          No calma el agua la sed que me consume bajo la lluvia; ¡Derrama tu rocío ardiente entre mis labios! Rafa …

          Ana M. Serrano

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            Ana M. Serrano

            El Madrid de Pío Baroja, sus casas y sus gentes. II.

            Después de la contienda y el exilio en París, Pío Baroja regresa a Madrid. Es 1940. Tiene entonces 68 años y cerca de cien libros publicados. Se instala en el cuarto piso de la calle Ruiz de Alarcón 12.

            Ana M. Serrano

            ¿Por qué nos mira así la joven de la perla? I.

            La joven de la perla es el lienzo más famoso de Vermeer. No es un retrato, sino un ‘tronie’: la pintura de una figura imaginaria. Los tronies representaban el estudio de un tipo de personaje para mostrar las dotes del artista. En este caso, ¿un análisis del exotismo?

            Ana M. Serrano