Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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La librería de las letras olvidadas. I.

La librería de las letras olvidadas. I.

No corren buenos tiempos para la literatura en este país famélico, gazmoño y tan escaso de cultura —amén de necesidades mucho más apremiantes— como sobrado de prejuicios y represión, cavilaba Pelayo subiéndose el cuello de abrigo para protegerse de la fina lluvia de noviembre que empapaba de gris y melancolía el domingo madrileño. Agachó la cabeza, apretó el paso pues aquello arreciaba adornado además con la danza rojiza de la hojarasca que se arremolinaba al son del viento. Allí estaba apostado en la esquina, impasible, como si el frío y la lluvia no fueran con él. Pasó por su lado ignorando su presencia y bastante desconcertado ante la pasividad del policía que ni siquiera hizo ademán de detenerle.

Ana M. Serrano

¿Qué fue del auténtico 8 de marzo?

¿Qué fue del auténtico 8 de marzo?

Corría el año 1908 y la ciudad de Nueva York comenzaba a despojarse de ese frío manto gris que le había cubierto durante el invierno. Los primeros rascacielos orgullosos y desafiantes alzaban sus brazos al sol como reclamando su presencia; pilluelos harapientos de todas las razas y orígenes más o menos oscuros correteaban por calles y plazas hurtando de aquí y de allá algún chusco de pan duro para desayunar; algunos incluso repartían periódicos y se enfrascaban en labores no siempre adecuadas para su corta edad mientras sus padres y madres llevaban unas cuantas horas encerrados en fábricas y talleres de diversa índole o haciendo de equilibristas circenses sobre un skyline que ya entonces se dibujaba como el símbolo de una nueva era industrial y urbana nacida para engullir sin piedad cualquier tiempo pasado.

Ana M. Serrano

Sin mirar atrás. Cómo ocurrió todo.

Sin mirar atrás. Cómo ocurrió todo.

Tal vez por ello aún puedo recordar su cara de chico malo, sus brazos desafiantes reventando las mangas de una camiseta blanca; su sonrisa desvergonzada… Y lo mejor de todo –o lo peor, aunque entonces yo no podía saberlo–, esa mirada canalla entre salvaje y desvalida que me arrastraba cada día hacia abismos infinitos, narcotizantes, casi perversos, donde otra felicidad era posible.

Ana M. Serrano

Sin mirar atrás.

Sin mirar atrás.

Dejó a su novio el día de San Valentín. Así, sin más. Decidida. Seca. Implacable. Casi despiadada. Podría haberlo hecho de cualquier otro modo. Incluso cualquier otro día…

Ana M. Serrano

Una carta.

Una carta.

Se trata de una carta. La carta de una madre. Isabel de la Fuente se llama. Su hija se llamaba Cristina y fue una de las cinco niñas que perdieron la vida en el MADRID-ARENA hace apenas seis meses.

Ana M. Serrano

Lo nuestro fue un flechazo.

Lo nuestro fue un flechazo.

Un flechazo de los de verdad, de esos que son como tienen que ser, de los que ocurren cuando menos te lo esperas. Porque para enamorarse en condiciones es requisito indispensable no pensar en ello, porque los flechazos de película no se buscan, te encuentran.
Vamos a imaginarnos un flechazo de esos…

Ana M. Serrano

La calle del Espejo II.

La calle del Espejo II.

Espejos de su infancia, olor a trementina y aceites, a húmedos óleos, a libros antiguos y a barandillas floreadas… Contempla el final de ese maravilloso atardecer madrileño con la sonrisa aun dibujada en su boca mientras se deja atrapar de nuevo por el fluir incesante de sus pensamientos. Así, buceando entre cuadernos y diccionarios, aprovecha para enfrascarse otra vez en la escritura.

Ana M. Serrano

La calle del Espejo.

La calle del Espejo.

Enciende un cigarrillo y admira extasiada el espectáculo único que le brinda el verano, la ciudad y una ansiada soledad. Le fascina Madrid, el verano en Madrid, su sol y su cielo, su inmensidad, el calor, la gran urbe y la vida que encierra. Lo aspira, lo siente, hace suyo ese instante único capaz de hacerle olvidar el mar, su mar; segundos sublimes que graba a fuego en su piel, en su alma. Afortunada ella que, llevando el sur y la sal en sus venas, se permite devorar la grandeza de la capital justo en los momentos más deseables.

Ana M. Serrano

Libros para llevar

Libros para llevar

Llegó el verano, el calor y el color, los días eternos y sus mágicas noches, las ansiadas vacaciones en la playa, en la montaña o en la ciudad… No importa dónde, todo brilla cuando dejamos de correr y recuperamos el tiempo, nuestro tiempo. Tiempo para todo lo que nos gusta y, como no, tiempo para disfrutar de la lectura.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. III-Invierno.

Cuatro siestas. III-Invierno.

En las calles blancas y frías se impone la ley del silencio, un silencio que sólo el silbido de un viento gélido se atreve a romper. El mismo que golpea las contraventanas aún abiertas para permitir que la habitación se ilumine con los últimos suspiros de esa pálida luz invernal. Fuera empieza a nevar.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. II- Otoño.

Cuatro siestas. II- Otoño.

Cae la tarde plomiza y gris. Demoledora, la incesante lluvia impone su luz mortecina; todo cede ante su inquietante cadencia, silenciosa, implacable. El asfalto de las calles vacías se funde con un cielo tan sombrío y amenazador que nadie se atreve a perturbar.

Ana M. Serrano

Cuatro siestas. I-Verano.

Cuatro siestas. I-Verano.

La calma y el bochorno han tomado la tarde; nada rompe el silencio salvo el monótono canto de las cigarras, las únicas que osan desafiar al sofocante verano. Nadie más se atreve a poner un pie en la calle.

Ana M. Serrano

Entropía. El placer del caos.

Entropía. El placer del caos.

Me gusta porque me da más juego, porque siempre me ha gustado jugar y fluir, fluir y mezclar, fluir y dejar fluir, jugar con las palabras y que las palabras fluyan desordenadas, sin sentido aparente. Y también me gusta el caos porque es el caos y su desordenado juego el único capaz de conseguir el equilibrio perfecto. Porque el azar, el destino, la suerte y el caos son los ingredientes principales de mi juego y mi Entropía.

Ana M. Serrano

El amor en los tiempos del ciber

El amor en los tiempos del ciber

A través de los mensajes de correo que se envían el uno al otro vamos descubriendo sus caracteres, los detalles de su vida, de sus trabajos, de su familia. Son mensajes cortos —salvo dos o tres que se extienden algo más—, intensos a veces que nos desvelan sus miedos, sus anhelos, sus contradicciones, el deseo de descubrirse, de mirarse a los ojos y tocarse. ¿Están realmente enamorados? ¿Puede más el deseo o el temor?

Ana M. Serrano

Arcones secretos IV

Arcones secretos IV

[…] baila y apuesta su vida al caballo perdedor desafiando la ley de la gravedad y cualquier atisbo de raciocinio —si acaso le restaba algo de cordura tras esa noche—; baila y apuesta una vida deliciosa y deseable, una vida aparentemente perfecta, un hombre cariñoso y tranquilo —el hombre a quien un día amó con el mismo delirio y mucha menos inconsciencia— y que hoy la llena de vacíos.

Ana M. Serrano

Pandora…

Pandora…

— Toma este ánfora, bella Pandora, es para Prometeo. En ella he encerrado todos los males y desgracias que conozco. Deberás embaucarle y seducirle consiguiendo que destape la vasija de forma que su contenido se esparza por la Tierra y los hombres no puedan volver a ser felices.

Ana M. Serrano

Como la vida misma

Como la vida misma

A parte de de calcular el momento exacto para recoger a Luis justo antes de que cierren la puerta del colegio y justo después de que la jauría de amantísimas mamás se hayan esfumado librándome así de los comentarios y angustias varias sobre cómo torturan a sus adorables vástagos -tan capullos como el mío, por cierto, pero mucho mejores, ¡dónde va a parar con esa madre que siempre llega tarde!- con exámenes y deberes, llevarlo al baloncesto, esperar hora y media en la grada, congelada, aburrida y asintiendo como lerda a la misma conversación absurda que había conseguido evitar en colegio…, a parte de tan excitante planazo, tengo libre el resto del tiempo.

Ana M. Serrano

Arcones secretos III

Arcones secretos III

… dibuja en su piel cada palabra y cada beso, engulle sin medida, talla en su alma cada deseo y cada suspiro, graba en su memoria cada segundo porque sabe que se va a aferrar a esta noche durante miles de otras noches heladas. Porque Blanca, inconsciente —o no—, intuye que todo es una quimera, un coma de la razón, un segundo efímero, un delicioso delirio que nadie jamás nadie le podrá arrebatar.

Ana M. Serrano

Arcones secretos II

Arcones secretos II

Palabras abandonadas a su suerte, palabras convertidas en susurros, susurros que se evaporan en sus labios cada vez más próximos, cada vez más húmedos. La mirada de Blanca, enorme, se hace irresistible para Jaime que se zambulle en ella incapaz de pensar en nada más.

Ana M. Serrano

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      Lucia Joyce: la bailarina arco iris.

      Lucia Anna Joyce nació en 1907, en la sala para indigentes de un hospital de Trieste. En aquel momento sus padres, James Joyce y Nora Barnacle, vivían en Italia como refugiados tras huir de las miserias de Dublín.

      Ana M. Serrano

      Relatos

        El bucle

        Te levantas, es tarde. Has dormido mal. Te duele la cabeza. Despacio, vas a la cocina. Piensas en todo y en nada, en ella… El bucle.

        Ana M. Serrano

        Fantasma.

        La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

        Ana M. Serrano

        Junio ardiente.

        En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

        Ana M. Serrano

        Los días azules.

        Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

        Ana M. Serrano

        Primavera, Notre Dame y otros delirios.

        Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

        Ana M. Serrano

        Escritores

          El Madrid de Benito Pérez Galdós. II.

          Benito Pérez Galdós, dotado de una capacidad de observación extraordinaria, toma buena nota de la evolución capitalina, transformándola en palabras. Páginas imprescindibles para entender el contexto social e histórico de la época.

          Ana M. Serrano

          El Madrid de Benito Pérez Galdós. I.

          Pese a las diferencias y las ínfulas de modernidad europeo-contemporáneas del Madrid del siglo XXI, es fácil hallar en él infinidad de vestigios galdosianos. Calles que todavía existen, improntas castizas que han desafiado (y superado) al paso del tiempo.

          Ana M. Serrano

          El Madrid de Pío Baroja, sus casas y sus gentes. II.

          Después de la contienda y el exilio en París, Pío Baroja regresa a Madrid. Es 1940. Tiene entonces 68 años y cerca de cien libros publicados. Se instala en el cuarto piso de la calle Ruiz de Alarcón 12.

          Ana M. Serrano

          Minipost

            Vértigo

            Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

            Ana M. Serrano

            Nunca nos dejan en paz.

            El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás.

            Ana M. Serrano

            Cuatro

            No existe más espacio, ni surco.

            Ana M. Serrano

            Micro-diálogo

            _ Hoy vamos a jugar a que me he ido; yo ya no estoy y tú no existes. _ ¿Te …

            Ana M. Serrano