Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Lo Último

Esas mañanas de domingo.

Esas mañanas de domingo.

Y cambias el libro por una cerveza y el sofá por una silla metálica. Y el sol sigue ahí. Y es más cálido de lo pensabas porque ya es marzo.

Ana M. Serrano

Auster, el escritor herido (*)

Auster, el escritor herido (*)

Sobre Paul Auster y sus novelas he escuchado y leído todo tipo de opiniones: elogios, indiferencia, críticas incluso demoledoras.

Ana M. Serrano

Cuaderno de agravios.

Cuaderno de agravios.

No sé si ando yo últimamente con la vena sensible a flor de piel o a la gente le ha dado por tocarme los cojones, que también.

Ana M. Serrano

Tankas (des) encadenados

Tankas (des) encadenados

El Tanka es un poema corto, sin rima de cinco versos (5-7-5-7-7 sílabas); el tercero es el eje.

Ana M. Serrano

Renacer.

Renacer.

Renacer serpenteando entre las aguas turbulentas, mar despiadado que mis ojos engendraron.

Ana M. Serrano

Generaciones. II.

Generaciones. II.

¿Sabes que pasa, mamá? Que cuando hablamos de mis anhelos… siempre mencionas la palabra “libertad”.

Ana M. Serrano

Generaciones.

Generaciones.

¿Sabes que pasa, Ignacio? Que cuando me hablas de tus anhelos, de lo que quieres estudiar, jamás mencionas la palabra “libertad”.

Ana M. Serrano

Canción del amor prohibido (y versión)

Canción del amor prohibido (y versión)

“Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente / al cambiar un saludo ceremonioso y frío, / porque nadie sospecha que es falso tu desvío, / ni cuanto amor esconde mi gesto indiferente.”

Ana M. Serrano

Cuando La Tierra tiembla.

Cuando La Tierra tiembla.

Cuando La Tierra tiembla y el mundo se tambalea, el suelo se quiebra y se abre a los pies de los hombres tragándose todo aquello que han construido –y lo que no–

Ana M. Serrano

#SpanishGirlvolution: seguimos dressembreando.

#SpanishGirlvolution: seguimos dressembreando.

Por eso hemos creado #SpanisGirlvolution. Por eso llevamos vestidos todos los días de diciembre. Como un símbolo, una reivindicación contra la violencia. Y, por encima de todo, para colaborar en la lucha contra esta aberración.

Ana M. Serrano

Sr. Sánchez:

Sr. Sánchez:

No insulte nuestra inteligencia tratando de disfrazar su desvergonzada avidez de poder con falsas insinuaciones de concordia. No sea usted tan “complaciente” con el radicalismo de cualquier signo. No venda su alma al diablo. Y si lo hace, no pretenda convencernos de lo contrario. Eso sí, sepa que se va cargar su país y su partido, lo que queda de él. Con toda seguridad (o eso aparenta), no le importe lo más mínimo, pero al menos sea consciente de ello y déjese de milongas e indefiniciones.

Ana M. Serrano

Sin anestesia ni nada, oigan.

Sin anestesia ni nada, oigan.

No soy votante conservadora. Nunca lo he sido y, con toda seguridad, nunca lo seré. Al menos, no mientras la derecha siga entendiendo la sociedad como un conjunto de individuos adocenados y dóciles a los que manipular a su antojo. Hubiera sido votante de la izquierda socialista si no me hubieran decepcionado a los tres minutos de alcanzar el poder, demostrando que mantener el analfabetismo y la incultura les permite manejar el chiringuito del trapicheo y el amaño con la misma impunidad que sus contrarios. Por ello, a la hora de buscar alternativas, he sido muy cuidadosa; he mirado con lupa cada propuesta, cada programa, pero y por encima de todo, he examinado la honestidad del sujeto candidato a condicionar mi vida, el futuro de todo un país durante los próximos cuatro años.

Ana M. Serrano

No perdamos la cordura.

No perdamos la cordura.

Stalin no ha resucitado. No se han confabulado todos los demonios del comunismo más reaccionario para “tomar por asalto” los escaños y concejalías que nuestros mangantes más preciados van a tener que desalojar en breve. Ni siquiera gobierna la ultraizquierda radical. De hecho, y de momento, no gobierna nadie. Simplemente se ha producido un cambio. El cambio por el que llevábamos piándolas desde los tiempos aquéllos en que Zapatero negaba la evidencia. O antes, incluso.

Y sí, los cambios suelen dar vértigo.

Ana M. Serrano

El voto que viene.

El voto que viene.

¿Cómo pueden pretender que alguien les vote diciendo únicamente lo mal que hacen todo los del lado contrario? ¿Qué confianza puede inspirar una persona que sólo sabe hablar mal de los otros? Desde luego a mí así no me convencen. Cuando tenga dieciocho o me cuentan qué pretenden hacer, cómo lo van a hacer, de qué medios disponen para conseguirlo y si no los tienen dónde piensan buscarlos, o los va a votar su padre. Eso. Además de convencerme con argumentos racionales de que todo lo que prometen es bueno para el progreso y el bienestar del país. Y el mío, naturalmente.

En esos términos o parecidos se expresaba ayer un chaval tras escuchar perplejo el discurso de una miembra del pesoe que lo mismo podría haber pertenecido al pepé, al peneuve o a izquierda unida, por mentar a algunos. Porque el chaval, que tiene dieciséis años y bastante más criterio que muchos de los considerados aptos para elegir a sus gobernantes (claro que como en algún punto hay que dar el tajo y carecemos de indicadores de estupidez, no nos queda otra que recurrir a la edad) no se detuvo a descodificar el color de la demagoga de turno sino a flipar con la soflama inconsistente de la tipa. Razón no le falta.

Ana M. Serrano

La librería de las letras olvidadas. IV.

La librería de las letras olvidadas. IV.

No podía imaginar que su ansia por devorar a hurtadillas los poemas de ese tal Neruda —de quien tanto había oído hablar escondida como una espía, cuando Pelayo y sus amigos se amontonaban en la trastienda para trapichear con la cultura— iba a desembocar en esa especie de callejón sin salida en el que ahora se encontraba. Pero cuando el azar se empeña en llevarnos la contraria no hay manera de frenarlo.

Y ahí se veía pequeñita, perdida entre la inmensidad de su zozobra, muy superior a la que había calculado. Porque aunque se negaba a pensar en ello, no era el poeta chileno ni su lectura frustrada; ni la milagrosa arquitectura de libros escondidos desafiando al vacío, ni el maldito poli chulo que le había desbaratado la furtiva mañana.

Ana M. Serrano

La librería de las letras olvidadas. III.

La librería de las letras olvidadas. III.

— Pero cuando el policía ese de ahí fuera me abordó —por qué es policía, ¿no?— se me congeló el valor…

— A ver, Úrsula… Porque no me irás a decir que tampoco es tu verdadero nombre, ¿verdad? — Pelayo, abandonando por completo cualquier tratamiento formal, aprovechó su débil titubeo para recuperar un discurso coherente aunque los destellos de esos rizos castaños seguían turbándole como si fuera un chiquillo— Sí es un poli. De la Brigada Político Social. Pereira se llama, pero no te apures, él no es el problema. Lo conozco y no es de los peores.

Pues no será de los peores, pensaba Úrsula sin abrir la boca, pero fue uno de los que detuvieron a mi hermano. Lo recordaba muy bien. Claro que a Ignacio no se le ocurrió nada mejor que apoyar las huelgas de los mineros asturianos y al final pasó lo que tenía que pasar.

Ana M. Serrano

La librería de las letras olvidadas. II.

La librería de las letras olvidadas. II.

— ¿Sigue ahí?

— ¿El tipo la gabardina? —contestó mientras encendía un cigarrillo con la única esperanza de aplazar el momento de explicarle a la chica el trajín furtivo que se cocía en la trastienda— Imperturbable.

Como si le hubiera leído el pensamiento Úrsula se acercó a él, se quitó las gruesas gafas de pasta negra que hasta entonces había llevado como parte de su fisionomía, dejó la taza de café negro sobre la mesa y con un gesto desenvuelto impropio de ella tomó la cajetilla que Pelayo aún sostenía entre las manos.

— Puedo, ¿verdad? —su voz pausada era casi un susurro.

Desconcertado, asintió con la cabeza y sólo atinó a alcanzarle el mechero.

Ana M. Serrano

La librería de las letras olvidadas. I.

La librería de las letras olvidadas. I.

No corren buenos tiempos para la literatura en este país famélico, gazmoño y tan escaso de cultura —amén de necesidades mucho más apremiantes— como sobrado de prejuicios y represión, cavilaba Pelayo subiéndose el cuello de abrigo para protegerse de la fina lluvia de noviembre que empapaba de gris y melancolía el domingo madrileño. Agachó la cabeza, apretó el paso pues aquello arreciaba adornado además con la danza rojiza de la hojarasca que se arremolinaba al son del viento. Allí estaba apostado en la esquina, impasible, como si el frío y la lluvia no fueran con él. Pasó por su lado ignorando su presencia y bastante desconcertado ante la pasividad del policía que ni siquiera hizo ademán de detenerle.

Ana M. Serrano

¿Qué fue del auténtico 8 de marzo?

¿Qué fue del auténtico 8 de marzo?

Corría el año 1908 y la ciudad de Nueva York comenzaba a despojarse de ese frío manto gris que le había cubierto durante el invierno. Los primeros rascacielos orgullosos y desafiantes alzaban sus brazos al sol como reclamando su presencia; pilluelos harapientos de todas las razas y orígenes más o menos oscuros correteaban por calles y plazas hurtando de aquí y de allá algún chusco de pan duro para desayunar; algunos incluso repartían periódicos y se enfrascaban en labores no siempre adecuadas para su corta edad mientras sus padres y madres llevaban unas cuantas horas encerrados en fábricas y talleres de diversa índole o haciendo de equilibristas circenses sobre un skyline que ya entonces se dibujaba como el símbolo de una nueva era industrial y urbana nacida para engullir sin piedad cualquier tiempo pasado.

Ana M. Serrano

Sin mirar atrás. Cómo ocurrió todo.

Sin mirar atrás. Cómo ocurrió todo.

Tal vez por ello aún puedo recordar su cara de chico malo, sus brazos desafiantes reventando las mangas de una camiseta blanca; su sonrisa desvergonzada… Y lo mejor de todo –o lo peor, aunque entonces yo no podía saberlo–, esa mirada canalla entre salvaje y desvalida que me arrastraba cada día hacia abismos infinitos, narcotizantes, casi perversos, donde otra felicidad era posible.

Ana M. Serrano

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Artículos

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    Ana M. Serrano

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    Ana M. Serrano

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    Ana M. Serrano

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    Ana M. Serrano

    Poemas

      Haiku o el arte de lo pequeño. II

      Hoy, el haiku se escribe en veinticinco lenguas (algunos afirman que en setenta) que representan corrientes culturales diferentes.

      Ana M. Serrano

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      Relatos

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        Ana M. Serrano

        Día trece. No basta con abrir la ventana.

        Ahora que nada sucede, abrir la ventana implica asomarse a un abismo abarrotado de ausencias y silencio, a un vacío de cemento que se balancea sin ganas. Al tiempo, se ha convertido en el antídoto contra el encierro; el único recurso para escapar del cautiverio impuesto.

        Ana M. Serrano

        Día siete. En arresto domiciliario.

        Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

        Ana M. Serrano

        Día Cinco. Quédate en casa.

        Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

        Ana M. Serrano

        Minipost

          Vértigo

          Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

          Ana M. Serrano

          Generaciones.

          ¿Sabes que pasa, Ignacio? Que cuando me hablas de tus anhelos, de lo que quieres estudiar, jamás mencionas la palabra “libertad”.

          Ana M. Serrano

          Nunca nos dejan en paz.

          El pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás.

          Ana M. Serrano

          Cuatro

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          Ana M. Serrano

          Juegos de tankas

          No calma el agua la sed que me consume bajo la lluvia; ¡Derrama tu rocío ardiente entre mis labios! Rafa …

          Ana M. Serrano

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            Después de la contienda y el exilio en París, Pío Baroja regresa a Madrid. Es 1940. Tiene entonces 68 años y cerca de cien libros publicados. Se instala en el cuarto piso de la calle Ruiz de Alarcón 12.

            Ana M. Serrano

            ¿Por qué nos mira así la joven de la perla? I.

            La joven de la perla es el lienzo más famoso de Vermeer. No es un retrato, sino un ‘tronie’: la pintura de una figura imaginaria. Los tronies representaban el estudio de un tipo de personaje para mostrar las dotes del artista. En este caso, ¿un análisis del exotismo?

            Ana M. Serrano