Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Cómo hemos cambiado

Ahora las suscripciones a tu blog, al mío y al de casi todos —digo casi porque las excepciones, como las meigas, existen— son el regalo del día. Igual que los comentarios. Abres tu página, le echas un vistazo y de pronto, ¡ah, el milagro!, ¡tres comentarios!, ¡dios mío, increíble! Y te afanas en contestar. ¡Te hacen ilusión hasta los spam!

Hace tiempo, no mucho tiempo, más bien poco, tenía un blog. No este blog, otro distinto, no sé si mejor o peor, sólo distinto —bueno, creo que peor. Venga, vamos a dejarlo en peor.

Sin embargo las suscripciones me llegaban a diario, los seguidores —odiosa palabra, prefiero lectores, amigos…, eso de seguidores no me seduce— eran numerosísimos, los comentarios pasaban de cincuenta y hasta de sesenta, algunas veces tardaba más en contestar a todos que en escribir una entrada nueva. Y escribía peor, mucho peor que ahora, porque el tiempo, la práctica y, sobre todo, las ganas nos hacen mejorar, superar muchas dificultades y aprender.

Pero no he venido a hablar de mi blog, no. He venido hablar de Twitter.

En ese tiempo no tenía perfil en Twitter, es más, ni siquiera sabía que “eso” existía y el tal Facebook no me gustaba. Hoy sigue sin convencerme, pero tampoco he venido a hablar de Facebook.

He venido a hablar sobre el cambio que ha supuesto este medio, Twitter, en nuestra forma de actuar, de leer y de compartir.

Ahora las suscripciones a tu blog, al mío y al de casi todos —digo casi porque las excepciones, como las meigas, existen— son el regalo del día. Igual que los comentarios. Abres tu página, le echas un vistazo y de pronto, ¡ah, el milagro!, ¡tres comentarios!, ¡dios mío, increíble! Y te afanas en contestar. ¡Te hacen ilusión hasta los spam!

Y me pongo a pensar. ¿Qué ha cambiado? Y yo, ¿qué hago, cómo actúo? Pues igual que los demás.

Antes, en ese tiempo no tan lejano, pasaba horas dejando mis impresiones y comentando en los blogs amigos. En cambio, ahora, hago un retuit. Y no sólo eso, ahora espero (esperamos) el correspondiente tuit para leer la actualización de las páginas de mis amigos. ¡Ni readers ni suscripciones ni comentarios ni leches! Para leer esperamos el tuit y hemos convertido el retuit en el mejor de nuestros comentarios.

Y nos hemos adaptado tan bien y tan fácilmente que no reparamos —o sí— en las diferencias, y el RT de hoy nos hace tanta ilusión como el comentario de ayer.

Hemos cambiado, ¿o no?

Reina, 12 de mayo de 2011

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