Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Arquitectura y mujer: del silencio al estrépito en menos de un siglo.

En esta web mía (y vuestra), donde hay más nombres de mujer que de hombre y más pasado que presente, han transitado escritoras, filósofas, científicas, escultoras, pintoras, bailarinas… ¿Y arquitectas?

Arquitectura y mujer. Somerset House. Eva Jiřičná

En esta web mía (y vuestra), donde hay más nombres de mujer que de hombre y más pasado que presente, no me he detenido, hasta ahora, en el arte de la arquitectura. Han pasado por esta página escritoras, filósofas, científicas, escultoras, pintoras, fotógrafas, bailarinas… ¿Y arquitectas? El pensamiento androcéntrico dominante en la historia del arte ha sido mucho más incisivo en el campo de la arquitectura. Sin embargo, y pese a haberse definido como uno de los ámbitos más masculinos y más cerrados a la creatividad femenina, la realidad nos brinda la genialidad e inquietud de muchas mujeres en cuanto al mecenazgo y el urbanismo. Aunque suene extravagante, los términos arquitectura y mujer vienen caminando juntos desde la Antigüedad.

Claro que han tenido que esperar al siglo XX para normalizar en cierto modo la situación y despojarse del manto del anonimato y el silencio. La lucha es la misma, la visibilidad mucho menos furtiva. Y aun así…

Por fortuna, desde Sophia Hayden Benett —la primera mujer en recibir un título de arquitectura en el MIT en 1890 y que sólo le sirvió para ser profesora de dibujo técnico— hasta hoy, el panorama ha evolucionado de manera positiva. Eso pese a los escollos habituales —son de libro las discriminaciones de la Bauhaus, la escuela que cambió el rumbo de la arquitectura moderna y que este año cumple su centenario—; pese a la realidad de esas grandes mujeres a la sombra de los arquitectos más famosos del mundo, como Lilly Reich (“esa gran mujer al lado de Mies van der Rohe”) a quien algunos historiadores —Albert Pfeiffer— le atribuyen a ella, en vez de a van der Rohe, el diseño de dos de las sillas más emblemáticas de la Bauhaus: la Barcelona y la Brno.

En los 39 años de historia del Premio Pritzker (el llamado Nobel de la arquitectura) sólo tres mujeres han recibido el galardón de la Fundación Hyatt: Zaha Hadid en 2004, Kazuyo Sejima en 2010, compartido con Ryue Nishizawa, y Carme Pigem (junto a Rafael Aranda y Ramón Villalta) en 2017. Hoy —desde 2008— es la estadounidense Martha Thorne quien manda en el premio de arquitectura más prestigioso del mundo, cuyo ganador 2019 es todavía una incógnita.

Pero como no he venido a hablar de porcentajes ni a convertir a las arquitectas en pobres víctimas del patriarcado, prefiero hablar de sus logros, de su creatividad, de sus trazados y visiones del espacio, de sus complejidades sinuosas, de su exuberancia, de la armonía de sus ingenierías. Al fin y al cabo, como afirmaba Hadid, “lo importante es que soy arquitecta, el ser mujer es una información secundaria. Pero quizá eso haya ayudado a otra mujeres, inspirando a que escojan una profesión y hacer algo al respecto, especialmente en un campo considerado no apto para mujeres”.

Prefiero ponerle nombre y cara —Julia, Morgan, Jane Drew, Charlotte Perriand, Matilde Ucelay, Lina Bo Bardi, Denise Scott Brown, Teresa Sapey, Carme Pinós, Zaha Hadid, Kazuyo Sejima, Benedetta Tagliabue, Inês Lobo, Eva Jiřičná— a obras como el Castillo Hearst, el Museo de Arte de Sao Paulo, Casa E1027, Casa de Vidro, Jardín y museo de la fruta de Yamanashi, Parlamento de Escocia, Campus WU de Viena, Invernadero del Castillo de Praga…, que hoy despiertan la admiración y el reconocimiento internacional.

Si vincular a Zaha Hadid y las formas serpenteantes es inevitable, el nombre de Eva Jiřičná está indefectiblemente ligado al diseño de escaleras. Pero también al acero, el vidrio y el alambre tensado, los juegos de transparencias y la ingravidez. La arquitecta y diseñadora de origen checo, que este 2019 cumple 80, protagonizó la arquitectura londinense de los ochenta, transformando los edificios antiguos de la capital británica en espacios dinámicos y vaporosos. Entre los numerosos premios recibidos por Jiřičná destaca el Jane Drew (2013) por su “contribución a la condición de la mujer en la arquitectura”.

Sería imperdonable pasar de puntillas por los “no lugares” de la magnífica obra subterránea de Madame Parking, Teresa Sapey. El apodo es de Jean Nouvel y el origen el madrileño hotel Puerta de América —en cuyo proyecto colaboraron también John Pawson, Zaha Hadid, Norman Foster, David Chipperfield, Plasma Studio (E. Castro y H. Kehne), Victorio & Lucchino, Marc Newson, Ron Arad, Kathryn Findlay, Richard Gluckman, Arata Isozaki, Javier Mariscal y Fernando Salas—. Y es que Sapey ha sido capaz de convertir esos espacios anodinos y un poco siniestros en lugares festivos, llenos de color, territorios que cuentan historias.

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