Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

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Día trece. No basta con abrir la ventana.
Cosas mías

Día trece. No basta con abrir la ventana.

Ana M. Serrano

Ahora que nada sucede, abrir la ventana implica asomarse a un abismo abarrotado de ausencias y silencio, a un vacío de cemento que se balancea sin ganas. Al tiempo, se ha convertido en el antídoto contra el encierro; el único recurso para escapar del cautiverio impuesto.

Día siete. En arresto domiciliario.
Cosas mías

Día siete. En arresto domiciliario.

Ana M. Serrano

Hace unos días (dos creo), muté mi dócil yo me quedo en casa por un en arresto domiciliario. No es una declaración de rebeldía, sólo un intento de contar en tres palabras, de romper el silencio de la desconfianza ante unos gobernantes a los que escucho de reojo.

Día Cinco. Quédate en casa.
Cosas mías

Día Cinco. Quédate en casa.

Ana M. Serrano

Y me quedo en casa y me cuesta concentrarme. Salto de una página a otra. Da igual virtual o en papel. Los primates del cerebro siguen a lo suyo. Con su habitual indisciplina, se columpian agarrados a mis neuronas.

Día uno. Estado de alarma.
Cosas mías

Día uno. Estado de alarma.

Ana M. Serrano

Es domingo y aún nada parece raro. Estamos los tres en casa como cualquier mañana festiva, haciendo lo que solemos en cualquier mañana festiva. Únicamente las calles vacías, el silencio que desborda las aceras me recuerdan que vivimos una situación anormal.

Fantasma.
Cosas mías

Fantasma.

Ana M. Serrano

La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

Junio ardiente.
Cosas mías

Junio ardiente.

Ana M. Serrano

En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

Los días azules.
Cosas mías

Los días azules.

Ana M. Serrano

Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

Primavera, Notre Dame y otros delirios.
Arte

Primavera, Notre Dame y otros delirios.

Ana M. Serrano

Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

La Mendiga.
Cosas mías

La Mendiga.

Ana M. Serrano

Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

Desierto.
Cosas mías

Desierto.

Ana M. Serrano

A las puertas del desierto, antes de cruzar la frontera hacia el lugar donde nace el silencio, se siente ajena al gentío. ¿Para qué viajan?

Invierno.
Cosas mías

Invierno.

Ana M. Serrano

Cada año, a partir de abril o mayo, se me olvida el invierno. El sabor a desaliento, el mito deshonesto del cielo de Madrid, la eternidad de árboles pelados, la insensatez de esos pobres almendros desafiando a febrero.

Otoño.
Cosas mías

Otoño.

Ana M. Serrano

En otoño las calles no duelen. Ni la lluvia. Al contrario. El otoño calma y colma la sed de sosiego. Las esquinas se redondean, se vuelven sinuosas. Nada pincha.

La mujer que buscaba.
Cosas mías

La mujer que buscaba.

Ana M. Serrano

Mientras escribe agitada por el levante gaditano, lee en Internet  —las cosas estas de la era digital— una historia de mujeres, de una mujer. Habla de amor y rebeldía. La historia. También de ira y de obstáculos.

Los días rojos.
Cosas mías

Los días rojos.

Ana M. Serrano

Hay días así. Desordenados, furiosos. Pueden ser sucios, sombríos o apagados; grises o negros. Un tal Capote los tiñó de rojo. Días perversos en los que nada sucede.

Amanecer.
Relatos

Amanecer.

Ana M. Serrano

Callejones de suburbio. Rejas oxidadas en las ventanas, algún que otro cristal roto, muros desconchados, telefonillos quemados, cabinas reventadas, broncas y jeringuillas.

Sospecha – II.
Relatos

Sospecha – II.

Ana M. Serrano

Aunque se esforzaba por adivinar cómo había llegado hasta allí, solo veía una luz irreal, la nieve amontonada a ambos lados de la acera, la indiferencia del policía

Intrusos.
Relatos

Intrusos.

Ana M. Serrano

La primera vez que los vi un grito de terror se ahogó en mi garganta. Fue la noche del 16 de septiembre.

Sospecha. I.
Relatos

Sospecha. I.

Ana M. Serrano

La noche del 19 de noviembre, el silencio reinaba en el pequeño hotel de Kitzbühel. Anke dormitaba apoyada sobre el mostrador…

Esas mañanas de domingo.
Relatos

Esas mañanas de domingo.

Ana M. Serrano

Y cambias el libro por una cerveza y el sofá por una silla metálica. Y el sol sigue ahí. Y es más cálido de lo pensabas porque ya es marzo.

Generaciones. II.
Cosas mías

Generaciones. II.

Ana M. Serrano

¿Sabes que pasa, mamá? Que cuando hablamos de mis anhelos… siempre mencionas la palabra “libertad”.

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