Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

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La mujer que buscaba.
Cosas mías

La mujer que buscaba.

Ana M. Serrano

Mientras escribe agitada por el levante gaditano, lee en Internet  —las cosas estas de la era digital— una historia de mujeres, de una mujer. Habla de amor y rebeldía. La historia. También de ira y de obstáculos.

Los días rojos.
Cosas mías

Los días rojos.

Ana M. Serrano

Hay días así. Desordenados, furiosos. Pueden ser sucios, sombríos o apagados; grises o negros. Un tal Capote los tiñó de rojo. Días perversos en los que nada sucede.

Amanecer.
Relatos

Amanecer.

Ana M. Serrano

Callejones de suburbio. Rejas oxidadas en las ventanas, algún que otro cristal roto, muros desconchados, telefonillos quemados, cabinas reventadas, broncas y jeringuillas.

Sospecha – II.
Relatos

Sospecha – II.

Ana M. Serrano

Aunque se esforzaba por adivinar cómo había llegado hasta allí, solo veía una luz irreal, la nieve amontonada a ambos lados de la acera, la indiferencia del policía

Intrusos.
Relatos

Intrusos.

Ana M. Serrano

La primera vez que los vi un grito de terror se ahogó en mi garganta. Fue la noche del 16 de septiembre.

Sospecha. I.
Relatos

Sospecha. I.

Ana M. Serrano

La noche del 19 de noviembre, el silencio reinaba en el pequeño hotel de Kitzbühel. Anke dormitaba apoyada sobre el mostrador…

Esas mañanas de domingo.
Relatos

Esas mañanas de domingo.

Ana M. Serrano

Y cambias el libro por una cerveza y el sofá por una silla metálica. Y el sol sigue ahí. Y es más cálido de lo pensabas porque ya es marzo.

Generaciones. II.
Cosas mías

Generaciones. II.

Ana M. Serrano

¿Sabes que pasa, mamá? Que cuando hablamos de mis anhelos… siempre mencionas la palabra “libertad”.

La librería de las letras olvidadas. I.
Relatos

La librería de las letras olvidadas. I.

Ana M. Serrano

No corren buenos tiempos para la literatura en este país famélico, gazmoño y tan escaso de cultura —amén de necesidades mucho más apremiantes— como sobrado de prejuicios y represión, cavilaba Pelayo subiéndose el cuello de abrigo para protegerse de la fina lluvia de noviembre que empapaba de gris y melancolía el domingo madrileño. Agachó la cabeza, apretó el paso pues aquello arreciaba adornado además con la danza rojiza de la hojarasca que se arremolinaba al son del viento. Allí estaba apostado en la esquina, impasible, como si el frío y la lluvia no fueran con él. Pasó por su lado ignorando su presencia y bastante desconcertado ante la pasividad del policía que ni siquiera hizo ademán de detenerle.

Aunque tú no lo sepas.
Relatos

Aunque tú no lo sepas.

Ana M. Serrano

No, no lo querías ver. Tal vez ni siquiera podías; la venda era demasiado tupida y cada vez apretaba más. Tus amigas -esas que te llenaban la cabeza de pájaros- no le gustaban. Son unas golfas -te decía- andan siempre por ahí, provocando; un día van a tener un disgusto. También le molestaba tu madre. No entiendo qué tienes que hablar tanto con ella -se burlaba cuando sonaba el teléfono…

Entropía. El placer del caos.
Artículos

Entropía. El placer del caos.

Ana M. Serrano

Me gusta porque me da más juego, porque siempre me ha gustado jugar y fluir, fluir y mezclar, fluir y dejar fluir, jugar con las palabras y que las palabras fluyan desordenadas, sin sentido aparente. Y también me gusta el caos porque es el caos y su desordenado juego el único capaz de conseguir el equilibrio perfecto. Porque el azar, el destino, la suerte y el caos son los ingredientes principales de mi juego y mi Entropía.

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