Diálogos de Libro

Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. Carmen Martín Gaite.

Menu

Apuntes de una mañana de junio.

A mi izquierda la ciudad se diluye entre la calima. El cielo va perdiendo su peculiar azul transparente. Es junio en Madrid.

A mi izquierda la ciudad se diluye entre la calima. El cielo de Madrid va perdiendo su peculiar azul transparente. En la línea del horizonte los edificios se desdibujan transformándose en colinas difusas, casi etéreas. Como si una especie de quimera tomara mansamente las riendas de mis pensamientos, me dejo invadir por el sopor y el zumbido de los pequeños intrusos que revolotean sobre los macizos de flores rosas al borde del camino. El calor aprieta cada vez más. Es junio en Madrid.

Una súbita ráfaga de viento me devuelve a la realidad justo cuando un balón dorado y rojo irrumpe sobre mi libro. Su dueño, un muchacho torpe que babea y vocifera frases incoherentes, corre hacia mí destartalado. Debería estar vigilado, pienso mientras me incorporo de un salto y le lanzo la pelota lo más lejos posible. No quiero que se me acerque, me asusta; aunque probablemente sea más fruto de mi propia incapacidad que de la suya, el sentimiento no puede parecerme más mezquino.

Alguien lo llama, probablemente su madre. El chaval se evapora. La brisa recupera su cadencia. El parque sigue imperturbable bajo el sol de esa mañana de junio amable y luminosa que había salido a mi encuentro para recordarme la deliciosa quietud de mi propia existencia. Me bebo de un trago el agua de mi botella –demasiado caliente— y empiezo a escribir.

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

Cosas mías

Fantasma.

La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

Ana M. Serrano

Egos, insolencia y desgobierno.

Este el paisaje: un proyecto de estado gárgola con el hocico metido en los asuntos privados de la ciudadanía, impuestos desbocados, desgobierno y esperpento político.

Ana M. Serrano

Vértigo

Vértigo: Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

Ana M. Serrano

Nos está quedando un siglo XXI precioso.

En pleno siglo XXI, cuando en Occidente se suponían superadas la mayor parte de las prácticas integristas propias de sistemas infames, ha surgido una prole de sectarios, charlatanes, ignorantes y ‘ofendiditos’ de todo signo dispuestos a restaurar la dictadura de la demagogia y el pensamiento grupal.

Ana M. Serrano

Finlandia.

Cuenta el ranking World Happiness Report 2018 que Finlandia es el país más feliz del mundo, el más estable, el más seguro, transparente y equitativo.

Ana M. Serrano

Relatos

Fantasma.

La buscaba porque vivía oculta, al margen del ruido del mundo, de las miserias del mundo, de sus propias miserias. La buscaba porque sólo la intuía en la penumbra, como un fantasma de sí misma.

Ana M. Serrano

Junio ardiente.

En Madrid no es primavera hasta que junio te empuja a enfilar el parque temprano, antes de que los excursionistas urbanos adopten su condición de horda, tomando por asalto el espacio reservado a la poesía.

Ana M. Serrano

Los días azules.

Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

Ana M. Serrano

Primavera, Notre Dame y otros delirios.

Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

Ana M. Serrano

La Mendiga.

Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

Ana M. Serrano