Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Cuatro siestas. III-Invierno.

En las calles blancas y frías se impone la ley del silencio, un silencio que sólo el silbido de un viento gélido se atreve a romper. El mismo que golpea las contraventanas aún abiertas para permitir que la habitación se ilumine con los últimos suspiros de esa pálida luz invernal. Fuera empieza a nevar.

Las calles blancas y frías  imponen la ley del silencio, un silencio que sólo el silbido de un viento gélido se atreve a romper. El mismo que golpea las contraventanas aún abiertas para permitir que la habitación se ilumine con los últimos suspiros de esa pálida luz invernal. Fuera empieza a nevar.

En el interior de la cálida habitación la leña crepita en la chimenea mientras las llamas danzan al compás del piano. Un mullido sofá y el dulce olor a chocolate caliente y madera se funden con la luz azulada que se cuela por la ventana; todo languidece, el tiempo se estremece ante la melancolía que invade esa fría tarde invernal e invita a dormitar. Una mujer delgada y bella se abriga con una manta; se abraza a ella suave y sinuosa como el fuego que contempla entre sueños y entre sueños murmura un nombre masculino.
Siente sus brazos fuertes y morenos rodeando su cintura, suspira y, a su pesar, sonríe. Un soplo de aire congelado agita la manta y los rizos castaños esparcidos por el sofá; ella se revuelve incómoda, siente el frío y sus músculos se tensan. Sabe que está lejos y no quiere recordar, sabe que está lejos precisamente para no recordar. Pero el maldito recuerdo, tan implacable como el viento que sacude la tarde se empeña en perseguirla; no importa lo lejos que huya ni lo profundo que se esconda, él siempre sabe cómo encontrarla para zarandear y poner del revés su mundo. Lentamente…, todo transcurre lentamente, adormecido y cansino. Todo, menos el recuerdo.

Reina, 13 de julio

2 Responses to Cuatro siestas. III-Invierno.

  1. En ocasiones los recuerdos son como disparos hirientes, en el fondo del corazón. Nunca son lentos. Muy buen relato. Saludos

  2. Avatar Enrique says:

    Lindo blog….cautiva con imaginacion.

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

Relatos

Los días azules.

Hay días así. Azules, blanditos. Días esponjosos que huelen a oxígeno, a cruasán de mantequilla, a libro de papel, a ratos de infancia.

Ana M. Serrano

Primavera, Notre Dame y otros delirios.

Es abril y llueve. Camuflada tras un visillo miro la lluvia caer y pienso. Y entonces recuerdo otra mañana igual de lluviosa y agreste, cuando no estaba en casa, sino en la calle.

Ana M. Serrano

La Mendiga.

Porque ella ya está allí. Como cada día, la mendiga ha desplegado todo su material de guerra callejero: la silla, el vaso de plástico, las mantas de colorines sobre las piernas. La escena ya es rutina.

Ana M. Serrano

Desierto.

A las puertas del desierto, antes de cruzar la frontera hacia el lugar donde nace el silencio, se siente ajena al gentío. ¿Para qué viajan?

Ana M. Serrano

Invierno.

Cada año, a partir de abril o mayo, se me olvida el invierno. El sabor a desaliento, el mito deshonesto del cielo de Madrid, la eternidad de árboles pelados, la insensatez de esos pobres almendros desafiando a febrero.

Ana M. Serrano