Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Aunque tú no lo sepas.

No, no lo querías ver. Tal vez ni siquiera podías; la venda era demasiado tupida y cada vez apretaba más. Tus amigas -esas que te llenaban la cabeza de pájaros- no le gustaban. Son unas golfas -te decía- andan siempre por ahí, provocando; un día van a tener un disgusto. También le molestaba tu madre. No entiendo qué tienes que hablar tanto con ella -se burlaba cuando sonaba el teléfono...

Aunque tú no lo sepas

No, no lo querías ver. Tal vez ni siquiera podías; la venda era demasiado tupida y cada vez apretaba más. Tus amigas -esas que te llenaban la cabeza de pájaros- no le gustaban. Son unas golfas -te decía- andan siempre por ahí, provocando; un día van a tener un disgusto. También le molestaba tu madre. No entiendo qué tienes que hablar tanto con ella -se burlaba cuando sonaba el teléfono-, eres como una niña pequeña y estúpida pegada a su mamá. Y tu padre. Y tus hermanos…Y los niños, los niños también le molestaban, le sacaban de quicio porque les hacías “demasiado caso”. ¡Los vas a volver tan imbéciles como tú – chillaba- unos inútiles!

¡Pero eso sucedió hace ya tanto tiempo!

Cuando todavía tenías amigas -amigos ni de broma, claro. Y no es que ahora no las tengas, no. Ellas siguen ahí, siguen viéndose a menudo a pesar de sus trabajos y sus niños y sus maridos… Y te ven pasar siempre corriendo, sin pararte un segundo siquiera, no vaya a ser que ese fiera se entere. Y te echan de menos, pero prefieres no hablar y seguir escondida detrás de unas gafas de sol -incluso cuando llueve- y no mirarlas a los ojos porque ya no sabes cómo se hace. ¡Claro que no es culpa tuya!, ¿cómo se te ocurre semejante disparate? Tú sólo tienes miedo, mucho, muchísimo. Y es lógico porque los insultos duelen y las humillaciones y los golpes… Además están los niños… Ya… Te da pánico mirar a la niña -que ya no lo es tanto- y comprobar que cada día se parece más a ti, sobre todo cuando cuando agacha la cabeza y no se atreve a levantar la vista del suelo. Y el niño… Él sí se atreve a desafiar a su padre; te da pánico descubrir la rabia de su mirada cuando lo ve llegar pegando voces y exigiendo… Y el otro día fue peor porque se enfrentó a él. Sí, fue horrible porque le llamó cobarde y le paró el golpe porque el niño -que ya no lo es tanto- no se amilana y está dispuesto a defenderte por encima de todo, porque cada día está más harto y más alto y más fuerte…

Tú no lo sabes porque las lágrimas y el temor te lo impiden, pero no estás sola. Aunque él te haya aislado y amarrado, fuera hay personas que te pueden ayudar a romper las cadenas. Fuera hay una vida -otra- que te está esperando. A ellos también.

4 Responses to Aunque tú no lo sepas.

  1. Isabel says:

    Da escalofríos ver como ocurre, lenta y silenciosamente… Cuánto por hacer para evitar los males desde el principio, para no caer en ese juego. Para no intentar cambiar a los otros sino para coger, desde el inicio, caminos de luz.

    Llego un poco a destiempo, el día de leerlo era el 25.
    Un saludo!

    • Reina says:

      Estas cosas empiezan despacio y antes de recibir la primera bofetada física les han dado otras de otra clase para arrebatarles su capacidad de reacción. Creo que ninguna mujer aguantaría ni siquiera un bofetón si no tuvieran miedo y esa clase de tipos se ‘trabajan’ bien el miedo antes de empezar a sacudir.

      Ojalá que algún día el “día de leerlo” no exista y que esto sea solo un mal recuerdo prehistórico.

      Gracias por tu comentario y por leerlo. Un beso

  2. Por fin un tiempo para pasarme por aquí.
    El relato es desgarrador. Me gusta el final optimista; siempre queda alguien, un halo de luz.

    ¡Un saludo, Ana!

    • Reina says:

      Y por fin yo te contesto…
      Gracias Javier. Sí, esperanza tiene que haber. Somos más quienes estamos en contra de la violencia y no sólo la que se inflige a las mujeres sino contra la violencia en general. No deberíamos quedarnos en un día únicamente.

      🙂

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Relatos

Amanecer.

Callejones de suburbio. Rejas oxidadas en las ventanas, algún que otro cristal roto, muros desconchados, telefonillos quemados, cabinas reventadas, broncas y jeringuillas.

Ana M. Serrano

Sospecha – II.

Aunque se esforzaba por adivinar cómo había llegado hasta allí, solo veía una luz irreal, la nieve amontonada a ambos lados de la acera, la indiferencia del policía

Ana M. Serrano

Intrusos.

La primera vez que los vi un grito de terror se ahogó en mi garganta. Fue la noche del 16 de septiembre.

Ana M. Serrano

Sospecha. I.

La noche del 19 de noviembre, el silencio reinaba en el pequeño hotel de Kitzbühel. Anke dormitaba apoyada sobre el mostrador…

Ana M. Serrano