Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Esos zapatos naranjas.

El naranja es un tono insumiso. Sabe agridulce cuando estalla entre los dientes. Es infalible al tacto y al olfato, fascinante para la vista. Te obliga a pensar en picado.

zapatos naranjas

De ante puro y tacón infinito. Infinitos ellos, teñidos del color de la energía y la determinación. El naranja es un tono insumiso. Sabe agridulce cuando estalla entre los dientes. Es infalible al tacto y al olfato, fascinante para la vista. Aliado de la indecencia y la incorrección política, es el antídoto contra el eufemismo: te obliga a pensar en picado, rodando en llamas sobre el asfalto envenenado por la lluvia. Todo se me ocurre mientras miro la fotografía de un par de zapatos naranjas. Fuera, la tormenta se ceba contra el ventanal.

Llevo dos días encerrada en casa. Todo un invierno puede resumirse en estas 48 horas: el crujido de la bisagra, la maldita ventana que nunca cerró bien, el azote del agua, el aullido del viento de un marzo que parece diciembre. Y el frío. Al otro lado ellos, punzantes, infinitos, mirándome desafiantes desde la pantalla del pc. El gris implacable y húmedo que cae a plomo desde hace dos semanas no logra eclipsar su intensidad. Y pienso. Qué vicio, qué extravagancia, la de ver en cualquier cosa otra distinta, la de inventar metáforas, la de otorgar a cualquier objeto inanimado un poder casi divino. Fuera, los recuerdos pugnan por quebrarme de nuevo.

Es 11 de marzo. Hace 14 años, el silencio rugía entre las vías y la sangre de una estación de tren. Era jueves y llovía, con saña, igual que hoy. Sólo se escuchaba un murmullo oscuro, el idioma del infierno. Aterrador. Hace 17, ponía en manos de los médicos a mi único hijo. Una tontuna de operación, no más de media hora. Tardaron más de diez en devolvérmelo. Era lunes y llovía. No me acuerdo de la saña de lluvia de aquel día, sí de la losa, de la angustia del gris, de la mente en llamas. Del sabor naranja de después.

La lluvia no cesa. Tampoco el siseo del recuerdo. Sigo hipnotizada frente a ese par de zapatos naranjas. De ante puro y tacón infinito. Infinitos ellos, indómitos, desafiantes. Y pienso. Bloqueo el recuerdo. Subida en ellos, nada malo puede ocurrir.

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

Cosas mías

La mujer que buscaba.

Mientras escribe agitada por el levante gaditano, lee en Internet  —las cosas estas de la era digital— una historia de mujeres, de una mujer. Habla de amor y rebeldía. La historia. También de ira y de obstáculos.

Ana M. Serrano

Gris.

Un ser agotado, solitario, contradictorio, que no encuentra su lugar en el mundo y no sabe (no se atreve) cómo ponerle fin.

Ana M. Serrano

Historias de mujeres.

Hay tantas mujeres fascinantes, desconocidas, ignoradas, olvidadas, que a veces no sé por cuál empezar. Seguir, más bien.

Ana M. Serrano

Me siento poderosa.

Me siento poderosa porque ese concepto de poder asociado a la pasta, a la influencia y a la capacidad de decidir el futuro de la humanidad me importa una mierda. Porque dirigir me importa una mierda. Porque me basta con que no me dirijan.

Ana M. Serrano

El frío.

Odio la textura de la nieve, el color de la maldita lluvia, el ruido del granizo, el sabor ácido de las nubes oscuras. Odio resbalar sobre la escarcha blanquecina de los amaneceres de invierno, rascar los cristales del coche, el olor a calle en el ascensor.

Ana M. Serrano