Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Letras en el Sahara

¿Por qué hoy un libro y por qué precisamente este libro: Estás en la luna? Porque es precioso, porque es de una sensibilidad y un gusto extraordinarios, porque es perfecto para cualquier persona y porque el pueblo saharaui se merece mucho más de que hacemos.

Una vez más Javier Sanz en su blog Historias de la historia, nos invita a participar en un bonito proyecto: Letras en el Sahara. Los enlaces os llevarán a toda la información para contribuir y difundir esta preciosa iniciativa con un fin muy concreto: un bibliobús para los campamentos de refugiados saharauis, Bubisher lleva libros, historias y sueños a un pueblo que necesita la cultura para sobrevivir en la tierra más inhóspita del planeta y su proyecto de construir una Biblioteca Pública del Bubisher en Smara.

Pinchad los enlaces para informaros del proyecto, y como colaborar. Mi opinión: ¡vale la pena!

En twitter utilizad el  hashtag #letrasenelsahara

Estás en la luna.

La abuela Bahía está en la luna; lentamente pierde la memoria. La abuela Bahía cada día está más cerca de la luna y lo sabe. La abuela Bahía no quiere olvidar, pero pierde las cosas e intuye que el olvido va a ser inevitable. La abuela Bahía está tan en la luna que algunas veces llama Margarita (*) a su nieta Baraka

Una noche, alumbrada por la intensa luz de la luna llena del desierto, la abuela Bahía va regalar a Baraka el mejor legado: su memoria. La memoria de un pueblo injustamente enterrado y encerrado en el exilio, la memoria del destierro del pueblo saharaui. Bahía no quiere olvidar ni está dispuesta a sepultar su país, el Sahara Occidental, bajo las arenas de la Hamada argelina.

Y esa noche de luna abre el baúl de su vida y le enseña a Baraka todos sus recuerdos, sus melfas –telas de colores en las que se envuelven las mujeres saharauis-, su espejo de princesa, sus perlas… Lo mejor lo deja para el final, su tesoro más preciado: la fotografía de su casa de Dajla, en la comarca de Río de Oro. La imagen de su preciosa casa junto al mar en la bahía de Bahía, la linda casa con tejado en forma de cúpula que el abuelo Abdulá, el lunático, construyó para ella hace ya tantos años. ¡Era tan hermosa su casa!, casi como las margaritas que colgaban a ambos lados de las ventanas.

Pero Bahía tuvo que huir; tuvo que escapar de allí con sus tres hijos treinta años antes, cuando el Sahara Occidental fue ocupado y empezó la guerra, la maldita guerra, tan maldita y tan injusta como cualquier otra, pero más.

Y le cuenta a Baraka, y la niña escucha y a partir de esa noche se va tejiendo una tierna, dulce y profunda relación entre Bahía y su nieta.

Cada crepúsculo la abuela habla para no olvidar, para que la niña de nueve años recuerde siempre:“(…) tengo raíces más hondas que esas macetas. Raíces para mí y para mis hijos. Y para los hijos que tengas tú, cuando los tengas”.

En sus pocas páginas (algo más de cien) se encierra la historia de un país, de una guerra, de una situación que todavía hoy, nadie ha tenido el valor –ni la decencia- de resolver, una injusticia a la que nadie ha puesto fin.

Es extraordinaria la sensibilidad de Baraka cuando, desesperada ante el desconsuelo de su abuela, encuentra en las palabras la manera de hacerla feliz: la casa abandonada de Dajla le escribía cartas a Bahía. Me recordó a las cartas que Kafka escribió para la niña que lloraba cuando perdió su muñeca. Igual que la niña tuvo su historia y “recuperó” su muñeca, Bahía reconquistó su casa y su tierra abandonadas a través de las cartas de Baraka, inventadas como una caricia.

La autora del libro es Carmen Montalbán. Editorial Kalandraka. Las ilustraciones de Pilar Millán también merecen una alusión especial: son unas acuarelas maravillosas y llenas de color que aportan, si cabe, aún más luminosidad a esta novela inolvidable y apta para cualquier edad.

(*)“Margarita, está linda la mar, y el viento
lleva esencia sutil de azahar; yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento”.

(Rubén Darío)

Reina. 12 de enero de 2011

3 Responses to Letras en el Sahara

  1. Pingback: Tweets that mention Letras en el Sahara | Diálogos de Libro -- Topsy.com

  2. Estupendo proyecto, Reina.

  3. If you could e-mail me with a few suggestions on just how you made your blog look this excellent, I would be grateful.

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Puedes ejercer en cualquier momento tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición sobre tus datos.

Artículos

Zenobia Camprubí: el cerebro a la sombra de un ególatra.

Zenobia Camprubí fue una mujer adelantada a su tiempo. No sólo tuvo una habitación propia, era dueña de varios pisos que alquilaba a extranjeros y de un negocio de arte, decoración y antigüedades, daba clase en la universidad, entraba y salía a su antojo salvo cuando los ataques de pánico de JRJ se lo impedían.

Ana M. Serrano

Lucia Joyce: la bailarina arco iris.

Lucia Anna Joyce nació en 1907, en la sala para indigentes de un hospital de Trieste. En aquel momento sus padres, James Joyce y Nora Barnacle, vivían en Italia como refugiados tras huir de las miserias de Dublín.

Ana M. Serrano

Cada país alimenta a sus bestias.

Tanto en la jurisprudencia como en el criterio de un juez caben todos esos prejuicios machistas de los que se nutren las diferentes manadas patrias. En España alimentamos a nuestras bestias con el pienso de la humillación femenina.

Ana M. Serrano

El espíritu indomable de Edmonia Lewis.

Edmonia Lewis llevaba en el ADN la fuerza de la raza, el amor propio y la insumisión de los inconformistas. Le costó humillaciones, claro. Muchas. También sangre.

Ana M. Serrano

Corazón dividido.

Con el corazón dividido afronto este año la jornada del 8 de marzo. Porque de un tiempo a esta parte siento que nos manipulan. Que estamos cayendo en una nueva trampa ideológica que desvirtúa el concepto feminismo y que no sólo nos arrastra, nos perjudica.

Ana M. Serrano