Diálogos de Libro

Si hay poesía subterránea en mis palabras, solo tú lo sabes. En ti ha de acabar, puesto que fuiste tú su origen. José Hierro

Menu

Cuando La Tierra tiembla.

Cuando La Tierra tiembla y el mundo se tambalea, el suelo se quiebra y se abre a los pies de los hombres tragándose todo aquello que han construido –y lo que no–

Cuando La Tierra tiembla y el mundo se tambalea, el suelo se quiebra y se abre a los pies de los hombres tragándose todo aquello que han construido –y lo que no–, las aguas rugen furiosas y el viento arrasa con todo lo que encuentra a su paso sin distinciones de ningún tipo, en teoría… Porque en realidad, cuando La Tierra tiembla y el mundo se tambalea, los más desfavorecidos son los que más sufren. Y cuando hace exactamente dos años –el 12 de enero de 2010– la tierra tembló, el suelo se quebró y se abrió a los pies de Haití devastando el pequeño país caribeño. La vida de los haitianos antes de la catástrofe no era nada fácil, pero los que consiguieron sobrevivir al cruel terremoto conocieron el verdadero significado de la palabra destrucción.

Cuando la tierra se tragó al pequeño mundo haitiano también removió, en cierto modo, nuestro lejano y cómodo mundo. Todos –o la mayoría- nos sentimos un poco –o un mucho- Haití, a todos nos conmovió el sufrimiento del pueblo haitiano y nuestro suelo y nuestro corazón también se abrieron. Impresionados por la desolación y el dolor, todos intentamos aportar, ayudar y colaborar en mayor o menor medida. Por un momento, la red también fue Haití. Sin embargo, esa capacidad de reacción, esa generosidad, esa sensibilidad, esas ganas y todos esos buenos sentimientos que nos invaden son tan inmensos como la facilidad que tenemos para olvidar.

Menos mal que siempre hay personas con mucha mejor memoria para recordarnos que tras la destrucción y el sufrimiento de los primeros momentos, la vida sigue y sigue todo el rato, no se detiene. Menos mal que algunas personas que no olvidan nos recuerdan que Haití sigue existiendo y que los haitianos, dos años después del devastador terremoto, continúan reconstruyendo su pequeño mundo y siguen necesitando nuestra ayuda. Y gracias a Solidaridad 2.0, Somos Haití y a la gran labor que vienen realizando, hoy todos podemos seguir siendo Haití.

Si queréis conocer la organización, las actividades y la gran labor solidaria de las personas que forman parte de Somos Haití, pasad por su web, su Twitter (@Somos_Haiti) y su página de Facebook. ¡Vale la pena!

#somosHaiti #terremoto

2 Responses to Cuando La Tierra tiembla.

  1. Javier says:

    Los primeros días de las tragedias, como la de Haití, son como los primeros días del año: llenos de buenos propósitos y cargadas de promesas… con el paso de los días se van quedando en la cuneta para dejar paso al olvido.

    Un beso

    • Reina says:

      Sí, Javier, así somos casi todos y casi siempre 🙁 Menos mal que aun existen personas que de vez en cuando nos recuerdan nuestra mala cabeza.
      Haití estaba devastado antes del terremoto (la imagen que has puesto en tu blog no necesita palabras). Les va a costar mucho esfuerzo (muchísimo) a todos los que se encuentran allí, al pie del cañón. A los demás, bastante menos, casi nada. Lo mínimo que podemos hacer es no olvidarlos, aunque seguramente nos lo tendrán que recordar de nuevo. ¡Ay!

      Un beso 🙂

Newsletter

La forma más sencilla de estar al día de todo lo que se publica en Diálogos de Libro.

Artículos

Camille Claudel, la escultora maldita.

Camille Claudel, la hermana de Paul Claudel, la amante musa de Rodin. Por eso se la recuerda en la historia. No porque fuera la mejor escultora de su tiempo.

Ana M. Serrano

De madres e hijas.

A Cecilia Bölh de Faber lo de escribir le venía de serie. Francisca Larrea, su madre, tradujo a Lord Byron y a Mary Wollstonecraft.

Ana M. Serrano

Recomendado

Camille Claudel, la escultora maldita.

Camille Claudel, la hermana de Paul Claudel, la amante musa de Rodin. Por eso se la recuerda en la historia. No porque fuera la mejor escultora de su tiempo.

Ana M. Serrano

De madres e hijas.

A Cecilia Bölh de Faber lo de escribir le venía de serie. Francisca Larrea, su madre, tradujo a Lord Byron y a Mary Wollstonecraft.

Ana M. Serrano